El seguro no es un gasto, es una inversión en tranquilidad

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Por Luis Ortiz – Asesor de Seguro

En República Dominicana todavía persiste una idea que, como asesor de seguros, escucho con mucha frecuencia: “eso del seguro es un gasto innecesario”. Sin embargo, esa percepción suele cambiar justo cuando ocurre un imprevisto. Y es ahí donde entendemos, a veces demasiado tarde, que el seguro nunca fue un gasto, sino una inversión inteligente en tranquilidad.

Gastamos sin pensarlo en celulares de última generación, remodelaciones del hogar, viajes o celebraciones. Todo eso es válido y forma parte de la vida. Lo preocupante es que muchas veces protegemos esos bienes materiales, pero dejamos sin protección lo más importante: nuestra salud, nuestra familia, nuestro ingreso y nuestro patrimonio.

Un seguro no está diseñado para “perder dinero”, como algunos creen. Está diseñado para evitar pérdidas que pueden ser devastadoras. Un accidente de tránsito, una enfermedad inesperada, un incendio o una inundación no solo generan un impacto emocional, sino también un golpe financiero que puede tomar años en recuperarse. En muchos casos, una sola situación imprevista puede desestabilizar completamente la economía de una familia.

La verdadera función del seguro es ofrecer estabilidad. Saber que, pase lo que pase, hay un respaldo que permite enfrentar la situación con dignidad, sin tener que endeudarse, vender bienes o depender de terceros. Eso es tranquilidad, y la tranquilidad no tiene precio.

Desde mi experiencia, quienes entienden el valor del seguro no lo ven como una obligación, sino como parte de su planificación financiera. Así como se ahorra, se invierte o se planifica el futuro, asegurar lo que tanto ha costado construir es un acto de responsabilidad y madurez.

Además, un buen seguro no es igual para todos. Por eso el rol del asesor es clave. No se trata de vender pólizas, sino de orientar, explicar y adaptar la protección a la realidad de cada persona o familia. Un seguro bien elegido puede marcar la diferencia entre una crisis manejable y una catástrofe económica.

Invertir en un seguro es invertir en paz mental. Es dormir tranquilo sabiendo que, ante cualquier eventualidad, no se perderá todo. Es cuidar hoy lo que mañana seguirá siendo importante.

Cambiar la mentalidad es el primer paso. El seguro no es un gasto que se pierde; es una inversión que protege, respalda y da seguridad. Y cuando se entiende así, deja de verse como un costo y se convierte en una decisión inteligente de vida.