Henry Montero | Voces del Oeste.
Washington, D.C. En el encuentro Dominicans on the Hill, realizado este miércoles 11 de febrero de 2026 en la capital de Estados Unidos, el congresista Adriano Espaillat compartió un mensaje directo que tocó una fibra sensible en la comunidad dominicana: la forma en que algunos sectores en la República Dominicana miran la relación con el presidente Donald Trump.
Espaillat describió esa cercanía como un “romance tóxico” y llamó a la reflexión con un criterio simple, pero contundente: las amistades en política se miden por acciones, no por simpatías. En sus palabras, si un liderazgo impulsa medidas que perjudican al país y golpean a la diáspora, no puede considerarse aliado.
“Si le ponen aranceles a la isla, no es tu amigo. Si deporta a nuestra gente, no es tu amigo”, expresó, remarcando que decisiones como los aranceles afectan la economía dominicana y que las deportaciones generan heridas profundas en familias que han construido su vida con esfuerzo en Estados Unidos.
El congresista insistió en que una relación “tóxica” no es saludable y rara vez termina bien. Más allá del debate político, su mensaje buscó aterrizar la conversación en lo que la gente vive en carne propia: incertidumbre migratoria, separación familiar, presión económica y ansiedad colectiva cuando las políticas públicas se vuelven más duras con las comunidades inmigrantes.
La intervención se dio en un contexto donde líderes, profesionales de salud, empresarios y representantes comunitarios se reúnen precisamente para hablar de política pública y oportunidades, y para defender los intereses de una diáspora dominicana que aporta a la economía, a los barrios y a la vida cívica de Estados Unidos.
¿Qué significa esto para Santo Domingo Oeste y para nuestra diáspora en Nueva York/Nueva Jersey? Significa que lo que se decide en Washington no se queda en Washington: repercute en el bolsillo de las familias que dependen de remesas, en el comercio que sostiene pequeños negocios, y en la estabilidad emocional de hogares que viven con el temor a una deportación o a una separación. Para Santo Domingo Oeste, donde muchas familias tienen parientes en el exterior, y para nuestra gente en Nueva York y Nueva Jersey que sostiene comunidades enteras con trabajo, impuestos y envío de recursos, el llamado de Espaillat es claro: menos idealización y más conciencia, porque cuando se endurecen las reglas migratorias o se castiga económicamente a la isla, el impacto se siente primero en la casa, en el barrio y en la familia.




