Por Annie Fernández
La rendición de cuentas de hoy 27 de febrero dejó varias impresiones. Más allá de los números y los anuncios puntuales, percibí un discurso con una línea clara: proyectar a la República Dominicana hacia una etapa de transformación estructural.
El presidente Luis Abinader presentó resultados económicos, sociales y sanitarios, pero también expuso una narrativa de país. No fue únicamente un balance de gestión; fue una exposición de hacia dónde se quiere conducir la nación.
Como abogada, siempre observo estos escenarios desde la óptica institucional. El crecimiento económico, la reducción de la pobreza y la expansión de la infraestructura no solo deben verse como indicadores técnicos, sino como expresiones del cumplimiento de responsabilidades del Estado.
Entre los aspectos que considero más relevantes se encuentran la reducción sostenida de la pobreza, el fortalecimiento del empleo formal con una participación femenina significativa, los avances importantes en salud pública, incluyendo el control del dengue y la apuesta por convertir al país en un centro tecnológico regional. Estos elementos no son aislados; configuran una estrategia integral que busca combinar estabilidad macroeconómica con impacto social, proyectando un modelo de desarrollo más equilibrado y sostenible.
Institucionalidad y sostenibilidad. Un punto que valoro especialmente es el énfasis en la sostenibilidad fiscal y la mejora en la calificación crediticia del país. La estabilidad institucional es un activo que no siempre se percibe en el día a día, pero que resulta esencial para atraer inversión, generar empleo y garantizar continuidad en las políticas públicas.
El desarrollo verdadero no ocurre de manera improvisada. Requiere planificación, reglas claras y coherencia entre las políticas económicas y sociales.
Mirando hacia adelante, sin duda, quedan desafíos. El crecimiento debe continuar traduciéndose en oportunidades reales, especialmente para jóvenes y mujeres. Las reformas tecnológicas y educativas necesitarán acompañamiento normativo y supervisión constante. Y la reducción de la pobreza deberá consolidarse para que no sea un logro coyuntural.
No obstante, la rendición de cuentas dejó una sensación de dirección definida. En un contexto regional complejo, la estabilidad y la proyección internacional del país son activos que deben cuidarse.
En definitiva, más que un discurso para el momento, fue una exposición de metas a mediano y largo plazo. Y como toda visión de país, su éxito dependerá de la ejecución, la institucionalidad y la participación de todos.





