Por Henry Montero
Voces del Oeste
En medio del dolor que deja un desastre natural, hay imágenes que hablan más que cualquier discurso. No necesitan estadísticas, reconocimientos ni grandes escenarios. Basta una acción sencilla para recordar que la esencia de la medicina es servir.
La fotografía de la doctora Gina Beatriz Estrella Ramia, viceministra para la Gestión de Riesgo y Salud Ambiental del Ministerio de Salud Pública de la República Dominicana, ayudando a una pequeña niña a ponerse sus sandalias en un campamento para damnificados, resume el verdadero significado del servicio público.

Mientras muchos observaban la magnitud de una tragedia desde la distancia, ella decidió estar donde la necesidad era mayor. No llegó únicamente para coordinar un hospital móvil ni para dirigir la respuesta sanitaria. Llegó para acompañar a las personas, escuchar sus necesidades y recordarles, con gestos sencillos, que no estaban solas.
La gestión de emergencias exige preparación técnica, liderazgo y capacidad de organización. Pero también requiere sensibilidad humana. En una crisis, atender una herida es importante; devolver la esperanza también lo es.
La doctora Gina Estrella ha construido una trayectoria dedicada a la gestión de riesgos, la preparación ante desastres y la respuesta sanitaria. Sin embargo, son momentos como estos los que permiten conocer la dimensión humana de una profesional comprometida con su vocación.
Cuando un servidor público se arrodilla para ayudar a una niña antes de continuar con sus responsabilidades, envía un mensaje poderoso: ningún cargo está por encima de la dignidad humana.
Esa es la diferencia entre administrar una emergencia y servir a las personas.
En escenarios marcados por el miedo, la incertidumbre y la pérdida, pequeños gestos pueden convertirse en el primer paso hacia la recuperación emocional de quienes han perdido casi todo. La empatía también salva vidas.
Como profesional de la salud mental, sé que después de un desastre las personas no solo necesitan medicamentos, alimentos ni refugio. También necesitan sentirse vistas, escuchadas y valoradas. Necesitan recuperar la confianza en la humanidad. Ese tipo de cuidado no aparece en los informes técnicos, pero deja una huella profunda en quienes lo reciben.
La imagen de la doctora Gina Estrella representa precisamente eso: la capacidad de combinar el conocimiento científico con la compasión, el liderazgo con la humildad y la autoridad con el servicio.
La República Dominicana puede sentirse orgullosa de contar con profesionales que, cuando el deber los llama, cruzan fronteras llevando no solo equipos médicos y hospitales móviles, sino también solidaridad y esperanza.
En tiempos en los que con frecuencia se cuestiona el servicio público, acciones como esta recuerdan que todavía existen funcionarios que entienden que liderar significa servir.
Más allá de los protocolos, los uniformes y las responsabilidades institucionales, la grandeza de un profesional se mide por su capacidad para ponerse al nivel de quien más necesita ayuda.
Porque al final, la medicina más poderosa sigue siendo la humanidad.
Y esa fotografía nos recuerda que Dios también obra a través de manos dispuestas a servir.




