La lactancia no depende únicamente de la madre: también necesita apoyo

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Por Lic. Navia Soler
Psicóloga Clínica, Psicología Perinatal y gestacional, asesora de lactancia materna y doula de parto y posparto.

El acompañamiento emocional, la información adecuada, el respaldo familiar y las condiciones laborales pueden determinar la continuidad de la lactancia materna.

Cuando una madre enfrenta dificultades para amamantar, con frecuencia escucha frases como: “No tienes suficiente leche”, “ese niño se queda con hambre” o “dale fórmula para que puedas descansar”. Aunque muchas veces se expresan con la intención de ayudar, estas palabras pueden aumentar la inseguridad, el miedo y la sensación de incapacidad que algunas mujeres experimentan durante el posparto.

La lactancia materna suele presentarse como un proceso natural. Sin embargo, que sea natural no significa que siempre sea fácil. Amamantar implica aprendizaje, adaptación física, cambios emocionales y una reorganización profunda de la vida familiar.

Por eso, cuando una lactancia no continúa como la madre había deseado, no deberíamos preguntarnos únicamente qué ocurrió con su producción de leche. También necesitamos observar qué sucedía a su alrededor.

¿Recibió información adecuada durante el embarazo? ¿Contó con apoyo emocional? ¿Su pareja compartió las responsabilidades del cuidado? ¿Tuvo acceso a profesionales capacitados? ¿Su lugar de trabajo le permitió extraerse leche? ¿Se sintió escuchada o juzgada?

Estas preguntas muestran que la lactancia no depende exclusivamente del cuerpo de la mujer. También está influida por factores psicológicos, familiares, sociales, culturales y laborales.

Lo que mostró la experiencia con las madres

Como parte de mi formación en Psicología Clínica, realicé una investigación sobre la influencia de los factores psicosociales en la lactancia materna. El estudio se desarrolló entre agosto y diciembre de 2024 con 42 mujeres vinculadas a la Sala de Lactancia Dr. Ariel Rodríguez de la Clínica Unión Médica del Norte, en Santiago de los Caballeros.

Los resultados no representan a todas las mujeres dominicanas, debido al tamaño y las características particulares de la muestra. Sin embargo, permiten observar una realidad importante: la decisión de iniciar y mantener la lactancia está estrechamente relacionada con el entorno en el que vive la madre.

El 73.2 % de las participantes indicó contar con apoyo familiar, mientras que el 63.4 % manifestó recibir apoyo de su pareja. Estos datos resultan relevantes porque el acompañamiento no solo ayuda con las tareas prácticas del hogar. También puede fortalecer la seguridad de la madre, reducir su carga mental y permitirle dedicar tiempo al descanso y a la alimentación del bebé.

Una pareja que sostiene al niño mientras la madre se baña, que prepara una comida, limita las visitas, protege el descanso y escucha sin juzgar está participando activamente en la lactancia.

No puede amamantar, pero sí puede crear las condiciones para que la madre lo haga.

La información también protege la lactancia

Otro hallazgo significativo fue que el 82.9 % de las madres había recibido información sobre lactancia durante el embarazo. Además, una proporción importante de las participantes tenía formación académica superior.

La educación prenatal puede ayudar a que una mujer llegue al nacimiento con expectativas más realistas. Saber que el bebé puede pedir el pecho con frecuencia, conocer las señales de hambre, identificar un agarre inadecuado y comprender los cambios normales de los primeros días reduce la posibilidad de interpretar cada dificultad como un fracaso.

Sin embargo, recibir información no siempre es suficiente. Esa información debe ser clara, actualizada y acompañada de orientación práctica.

Una madre puede conocer los beneficios de la lactancia y, aun así, sentirse perdida cuando aparece el dolor, cuando el bebé no logra sujetarse correctamente al pecho o cuando las opiniones de familiares y conocidos contradicen las indicaciones profesionales.

Educar no significa llenar a la mujer de instrucciones. Significa prepararla, escucharla y ofrecerle herramientas que pueda aplicar dentro de su realidad.

La salud mental de la madre también importa

La ansiedad, el estrés, el cansancio y la inseguridad pueden afectar la experiencia de amamantar. No necesariamente porque impidan de forma automática la producción de leche, sino porque pueden dificultar el descanso, la confianza, la toma de decisiones y la capacidad de pedir ayuda.

Durante el posparto, muchas mujeres sienten que deben poder con todo: alimentar al bebé, recuperarse del nacimiento, atender el hogar, recibir visitas y mostrarse felices. Cuando no logran cumplir con esas expectativas, pueden interpretar el agotamiento como una señal de debilidad.

Pero una madre agotada no necesita que le recuerden cuánto debería disfrutar ese momento. Necesita acompañamiento, descanso y atención a su bienestar emocional.

En los casos clínicos analizados durante la investigación, el apoyo psicológico, la orientación técnica y la educación sobre lactancia contribuyeron a reducir temores, fortalecer la confianza materna y afrontar dificultades relacionadas con el agarre, el dolor y la presión familiar.

Esto confirma la necesidad de mirar a la mujer de manera integral. No basta con evaluar cuánto pesa el bebé o cuántas veces se alimenta. También debemos preguntar cómo se siente la madre, qué piensa sobre sí misma y con quién cuenta cuando se encuentra sobrepasada.

El regreso al trabajo sigue siendo un desafío

Las condiciones laborales constituyen otro elemento determinante. Una mujer puede estar informada, motivada y acompañada en casa, pero encontrar grandes barreras cuando debe regresar a su empleo.

La ausencia de espacios privados, horarios rígidos, jornadas prolongadas y la falta de tiempo para extraerse leche pueden provocar que la lactancia se interrumpa antes de lo esperado.

Las salas de lactancia representan un avance importante, pero su sola existencia no garantiza su utilización. También se necesita personal informado, procedimientos claros, respaldo de los empleadores y una cultura organizacional que no haga sentir culpable a la mujer por ejercer su derecho a lactar.

Proteger la lactancia en el entorno laboral no debe considerarse un favor. Es una medida de salud, bienestar y corresponsabilidad social.

La lactancia es una responsabilidad compartida

Durante años se ha colocado sobre la madre casi toda la responsabilidad del éxito o el abandono de la lactancia. Esta visión resulta injusta y limitada.

Una mujer no amamanta aislada de su realidad. Lo hace dentro de una familia, una comunidad, un sistema sanitario y, en muchos casos, un espacio laboral. Cada uno de esos entornos puede facilitar el proceso o convertirse en una barrera.

Por esta razón, promover la lactancia no consiste en repetir sus beneficios ni en presionar a las mujeres para que amamanten. Consiste en garantizar información, acompañamiento profesional, protección laboral y atención a la salud mental.

También implica respetar las circunstancias de cada familia. El apoyo a la lactancia nunca debe convertirse en una fuente adicional de culpa para las mujeres que, por razones personales, médicas o sociales, no pudieron desarrollarla como habían imaginado.

La evidencia observada en esta investigación reafirma que una lactancia sostenida requiere algo más que deseo. Requiere una red.

Mientras la madre sostiene y alimenta a su bebé, alguien también debe sostenerla a ella.

Sobre la autora

Navia Soler es psicóloga clínica, especialista en Psicología Prenatal y Perinatal, asesora de lactancia materna, doula de parto y posparto e instructora de masaje infantil. Su trabajo está orientado al acompañamiento emocional y educativo de madres, bebés y familias.

Artículo elaborado a partir de la investigación “Influencia de los factores psicosociales en la lactancia en mujeres que asisten a la Sala de Lactancia Dr. Ariel Rodríguez de la Clínica Unión Médica del Norte”, realizada entre agosto y diciembre de 2024. PASANTIA NAVIA SOLER 2025.