Limpiar las playas no basta

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El Día Internacional de Limpieza de Playas recuerda que proteger el mar exige prevenir que los residuos lleguen hasta nuestras costas

SANTO DOMINGO.— Cada tercer sábado de septiembre, comunidades de distintos países se unen para conmemorar el Día Internacional de Limpieza de Playas, una jornada dedicada a retirar residuos de las costas y crear conciencia sobre el impacto de la contaminación marina.

La fecha moviliza a estudiantes, organizaciones comunitarias, instituciones públicas, empresas y voluntarios que recorren playas, riberas y manglares recogiendo botellas, fundas plásticas, envases de comida, tapas, colillas de cigarrillos, redes de pesca y otros desperdicios.

Pero detrás de cada bolsa recogida existe una realidad que no puede ignorarse: la basura que aparece en las playas no nació en el mar. Una gran parte fue arrojada en calles, cañadas, ríos y espacios públicos antes de ser arrastrada por la lluvia, el viento y las corrientes hasta nuestras costas.

Un problema que comienza lejos del mar

La contaminación marina no es únicamente responsabilidad de quienes visitan las playas. También está relacionada con las deficiencias en la recolección de residuos, la falta de educación ambiental, el consumo excesivo de plásticos desechables y la ausencia de controles efectivos.

Un vaso plástico lanzado en una acera puede terminar en una alcantarilla. Desde allí puede pasar a una cañada, llegar a un río y, finalmente, desembocar en el mar. Cuando los desperdicios aparecen acumulados en la costa, el daño comenzó kilómetros atrás.

Esta realidad se hace visible en numerosos puntos del litoral dominicano, especialmente después de fuertes lluvias. Las corrientes depositan grandes cantidades de residuos en las playas, dejando imágenes que afectan el medioambiente, la salud pública y la reputación turística del país.

La República Dominicana depende profundamente de sus costas. Las playas sostienen empleos, comunidades pesqueras, hoteles, restaurantes, excursiones y otras actividades vinculadas al turismo. Su deterioro no solo representa una pérdida ambiental, sino también una amenaza económica y social.

El plástico domina los residuos

Durante la jornada internacional de 2025, más de 630 mil voluntarios retiraron aproximadamente 13.9 millones de piezas de basura de costas y vías acuáticas en diferentes países. Entre los objetos encontrados figuraron más de 1.3 millones de botellas plásticas.

También fueron frecuentes las tapas, fundas, envases de alimentos y colillas de cigarrillos. Estos materiales pueden permanecer durante décadas en el ambiente y fragmentarse hasta convertirse en microplásticos.

Los animales marinos pueden confundir los residuos con alimentos, quedar atrapados en ellos o sufrir lesiones. Tortugas, aves, peces y mamíferos marinos enfrentan diariamente las consecuencias de una contaminación que fue generada por los seres humanos.

El problema no desaparece cuando el plástico deja de ser visible. Al descomponerse en partículas pequeñas, puede ingresar a la cadena alimentaria y regresar a nosotros a través del agua y de los productos del mar.

La limpieza debe ser permanente

Las jornadas de voluntariado son necesarias y tienen un enorme valor educativo. Permiten recuperar espacios, medir los residuos encontrados y fortalecer el compromiso de las comunidades.

Sin embargo, limpiar una playa una vez al año no resolverá un problema que se produce todos los días.

No basta con llenar fundas para una fotografía institucional y abandonar el lugar hasta la próxima conmemoración. La verdadera transformación requiere sistemas eficientes de recolección, clasificación y reciclaje; reducción de plásticos de un solo uso; sanciones para quienes contaminan y educación ambiental permanente.

Los ayuntamientos deben impedir que los residuos lleguen a cañadas y ríos. Las empresas deben responsabilizarse por los envases que colocan en el mercado. Los establecimientos ubicados cerca de las costas deben manejar adecuadamente sus desperdicios y los ciudadanos tienen que comprender que una playa no es un vertedero.

También es indispensable instalar recipientes adecuados, garantizar su recogida frecuente y mantener vigilancia en las zonas más concurridas. Sin estas medidas, el esfuerzo de los voluntarios se convierte en una solución temporal.

Proteger las playas es proteger el país

Una costa limpia no debe ser un privilegio reservado para las zonas turísticas. Las comunidades también merecen playas seguras, saludables y libres de contaminación.

El Día Internacional de Limpieza de Playas debe servir para recoger residuos, pero también para hacernos una pregunta incómoda: ¿por qué permitimos que tanta basura llegue hasta el mar?

La respuesta exige responsabilidad colectiva. Cada botella rechazada, cada funda reutilizada, cada residuo colocado correctamente y cada denuncia contra quienes contaminan representa una acción en defensa de nuestros océanos.

Las playas no necesitan que las recordemos únicamente durante una jornada. Necesitan políticas permanentes, autoridades responsables, empresas comprometidas y ciudadanos conscientes.

Porque limpiar es importante, pero dejar de ensuciar es la verdadera solución.