MODERAR TAMBIÉN EXIGE ESCUCHAR

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Por Annie Fernandez

Un debate sobre salud mental exige preguntas claras, escucha y respeto por la complejidad del tema. La moderación influye en la calidad de las respuestas: una pregunta puede abrir una explicación, pero también condicionar la conversación si su tono transmite un juicio anticipado.

Desde esa perspectiva, Zoila Luna debe revisar cómo formula sus preguntas. La firmeza es válida; los tonos que puedan percibirse como irónicos, despectivos o injustos frente al planteamiento de un especialista dificultan el intercambio. Quien modera necesita distinguir entre exigir una explicación y presentar una pregunta de manera que el interlocutor deba defenderse antes de responder.

Este aspecto adquiere especial importancia en salud mental. El modo de preguntar puede trivializar y estigmatizar a una comunidad frágil y carente de información. Una afirmación compleja, sugerir que carece de fundamento antes de examinarla o predisponer a la audiencia contra quien la expresa. Una conducción rigurosa debe identificar qué cuestiona, pedir sustento y permitir que la respuesta se complete.

El cruce con el psiquiatra Héctor Guerrero Heredia ilustra esa tensión. En el intercambio, el médico cuestionó “la forma cínica” en que Luna había expresado un planteamiento. Ella rechazó el calificativo y él precisó: “Eso es una percepción mía, por eso lo digo yo” y lo sostuvo. La moderadora respondió: “No llego a ese nivel todavía, doctor”.

Guerrero Heredia asumió su apreciación como propia, sin presentarla como una conclusión clínica. Su intervención también puso sobre la mesa una cuestión legítima: el especialista tiene derecho a objetar la forma en que se presenta o interpreta su posición. La autoridad de quien conduce no coloca sus preguntas fuera del escrutinio.

La palabra “cínica”, sin embargo, elevó la tensión y restó fuerza a esa objeción. Explicar concretamente qué consideraba injusto habría permitido discutir el problema con mayor claridad. Ese desacierto merece señalarse sin reducir toda su participación a una expresión confrontativa.

Luna podía rechazar el término y exigir respeto. Su réplica final, susceptible de entenderse como una devolución de la descalificación, prolongó el enfrentamiento. Por su función, le correspondía recuperar el tema y garantizar que el argumento del médico pudiera desarrollarse.

La lección central está en el ejercicio de la moderación: Luna debe aprender a formular preguntas cuyo tono sea justo con el tema y con la posición que pretende examinar. Esto exige evitar insinuaciones que sustituyan el análisis y escuchar la respuesta antes de construir la siguiente objeción.

En un espacio dedicado a la salud mental, la audiencia necesita comprender. El conocimiento de especialistas como Guerrero Heredia debe poder exponerse y someterse a preguntas exigentes, formuladas con precisión. Cuando el tono domina el intercambio, esa oportunidad se pierde.