Muertes neonatales: “Una sola vida evitable debe encender las alarmas”

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Altagracia Guzmán Marcelino cuestionó el funcionamiento de la vigilancia epidemiológica y advirtió que la situación de la Maternidad Nuestra Señora de La Altagracia no puede reducirse a una batalla de cifras.

Santo Domingo.– La exministra de Salud Pública y expresidenta del Colegio Médico Dominicano, Altagracia Guzmán Marcelino, expresó preocupación por las muertes neonatales registradas en la República Dominicana y reclamó una investigación profunda sobre toda la cadena de atención ofrecida a las madres y a sus recién nacidos.

Durante una entrevista en el programa Despierta con CDN, la especialista sostuvo que el debate no debe concentrarse únicamente en determinar si fallecieron 17 o 30 niños. A su juicio, cada muerte que pudo evitarse debe ser suficiente para activar una investigación, identificar responsabilidades y corregir las posibles deficiencias del sistema sanitario.

Las cifras oficiales

El Servicio Nacional de Salud informó que entre el 1 y el 24 de agosto se produjeron 266 nacimientos, 90 ingresos en la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales y 17 fallecimientos en la Maternidad Nuestra Señora de La Altagracia.

De acuerdo con la institución, tres de los recién nacidos fallecidos presentaron microorganismos multirresistentes y todos eran bebés muy prematuros. Las demás defunciones fueron atribuidas principalmente a condiciones neonatales de alta complejidad.

El SNS aseguró que mantiene la situación bajo vigilancia activa y que reforzó la higiene de manos, la limpieza y desinfección, el aislamiento de los casos y el uso adecuado de los medicamentos antimicrobianos.

Sin embargo, para Guzmán Marcelino, esas explicaciones no eliminan la necesidad de establecer qué ocurrió antes, durante y después de cada nacimiento.

¿Falló la vigilancia epidemiológica?

La exministra recordó que las muertes maternas e infantiles son eventos de notificación obligatoria. Esa información debe llegar oportunamente a las autoridades para detectar patrones, identificar brotes y adoptar medidas antes de que se produzcan nuevos fallecimientos.

Guzmán Marcelino manifestó dudas sobre la rapidez y efectividad con la que actualmente se reportan esos acontecimientos. También cuestionó que, en ocasiones, sean los medios de comunicación los que revelen situaciones que debieron ser advertidas previamente por los mecanismos institucionales de vigilancia.

Una vigilancia epidemiológica eficaz no comienza después del escándalo público. Debe funcionar todos los días, analizar resultados microbiológicos, detectar incrementos inusuales de infecciones y activar protocolos inmediatamente cuando aparezca una señal de peligro.

Investigar toda la cadena de atención

La mortalidad neonatal no puede analizarse exclusivamente desde lo ocurrido dentro de una unidad de cuidados intensivos. También deben evaluarse el control prenatal, la prematuridad, el bajo peso al nacer, la hipertensión durante el embarazo, el momento en que la madre llegó al hospital y la capacidad del centro para responder ante una emergencia.

Asimismo, deben revisarse la disponibilidad de medicamentos, equipos especializados y sonógrafos fetales; el manejo de las cesáreas; la esterilización de los instrumentos; la calidad del agua; la limpieza de las áreas críticas y el cumplimiento de los protocolos para prevenir infecciones.

Las sociedades dominicanas de Pediatría, Medicina Perinatal y Neonatología han solicitado que la investigación se realice con rigor técnico, transparencia y apego a la evidencia. También recomendaron mantener una vigilancia estricta y continua, incluso después de considerar controlado el evento epidemiológico.

La responsabilidad de investigar

Guzmán Marcelino planteó que el Ministerio de Salud Pública, como órgano rector y fiscalizador del sistema, debe desempeñar un papel determinante en la investigación. El proceso no debería limitarse a una evaluación interna de las instituciones encargadas de administrar la red hospitalaria.

La revisión deberá establecer si los fallecimientos respondieron exclusivamente a las delicadas condiciones de los recién nacidos, si existieron infecciones asociadas a la atención sanitaria o si se produjeron fallas en los controles, la infraestructura o la aplicación de los protocolos.

Investigar no significa declarar culpables anticipadamente a médicos, enfermeras o autoridades. Significa proteger a las madres, garantizar transparencia y evitar que cualquier deficiencia permanezca oculta hasta provocar una nueva tragedia.

La muerte de un recién nacido no puede convertirse en una estadística fría ni desaparecer dentro de un informe administrativo. Detrás de cada cifra existe una familia que esperaba regresar a casa con su hijo y que merece conocer, con claridad y respeto, qué ocurrió.