¿Popularidad o preparación? El debate sobre las capacidades necesarias para gobernar la República Dominicana

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Guido Gómez y Santiago Matías en composición editorial sobre liderazgo y Presidencia de la República Dominicana

Por Henry Montero | Voces del Oeste

Un comentario dirigido a Santiago Matías “Alofoke” vuelve a colocar sobre la mesa una pregunta que trasciende a cualquier figura particular: ¿qué preparación debería tener una persona que aspire a ocupar la Presidencia de la República Dominicana?

La pregunta merece discutirse sin reducir el debate a la popularidad, al número de seguidores en las redes sociales, a la profesión de una persona o incluso a la posesión de un título universitario.

Lo que realmente exige la Constitución

La Constitución dominicana establece requisitos específicos para ocupar la Presidencia. No establece como requisito poseer un título universitario ni acreditar un determinado nivel de formación académica o intelectual. Por tanto, la discusión sobre preparación debe entenderse como un debate sobre las competencias deseables para gobernar, no como requisitos legales adicionales.

Gobernar un país es administrar un sistema extraordinariamente complejo

La Presidencia no consiste únicamente en pronunciar discursos, comunicar eficazmente o conectar con la población. Quien ocupa el cargo participa en decisiones económicas, administrativas, diplomáticas y de seguridad que pueden afectar a millones de personas y cuyos efectos pueden extenderse durante décadas.

De ahí surge una pregunta legítima para cualquier aspirante presidencial: ¿comprende suficientemente el país que pretende gobernar?

Conocer la economía más allá de los números

Un presidente no tiene que convertirse personalmente en economista, banquero, militar, epidemiólogo o ingeniero. Para eso existen ministerios, organismos especializados, asesores y equipos técnicos. Pero sí necesita capacidad para comprender información compleja, formular las preguntas correctas, comparar alternativas y evaluar las consecuencias de las recomendaciones que recibe.

Gobernar implica comprender deuda pública, déficit fiscal, inflación, inversión, productividad, empleo, reservas internacionales, política monetaria, comercio exterior y sostenibilidad de las finanzas públicas. También exige pensar cómo las decisiones adoptadas hoy afectarán al país dentro de cinco, diez o veinte años.

Conocer la estructura productiva dominicana

Quien aspire a gobernar debería comprender cómo funcionan sectores como turismo, zonas francas, agricultura, construcción, comercio, manufactura, transporte, energía, telecomunicaciones, servicios financieros, pequeñas y medianas empresas y la economía vinculada a la diáspora.

Gobernar requiere conocer no solamente cuánto produce una economía, sino quién produce, dónde se produce, de qué depende esa producción y cuáles amenazas podrían interrumpirla.

Un presidente también administra riesgos

Un Estado enfrenta riesgos todos los días: huracanes, terremotos, crisis energéticas, ciberataques, epidemias, delincuencia organizada, narcotráfico, problemas migratorios, conflictos internacionales, interrupciones de cadenas de suministro, crisis financieras y amenazas a infraestructuras críticas.

Por ello, la capacidad de liderazgo presidencial también puede analizarse desde la gestión de riesgos. Un mandatario debe poder recibir información incompleta, escuchar posiciones contradictorias, evaluar probabilidades y consecuencias y, en determinadas circunstancias, tomar decisiones de enorme importancia en muy poco tiempo.

Inteligencia no significa necesariamente tener más títulos

La capacidad intelectual necesaria para dirigir una organización compleja no puede reducirse al número de diplomas. Resulta más útil examinar competencias concretas: capacidad de análisis, pensamiento crítico, comprensión económica, conocimiento institucional, manejo de información, selección de equipos competentes, disposición para escuchar especialistas, capacidad para reconocer errores y aptitud para anticipar riesgos.

El fenómeno Alofoke abre una discusión más grande

La relevancia pública alcanzada por Santiago Matías muestra cómo las plataformas digitales permiten que figuras provenientes de los medios, el entretenimiento y el emprendimiento desarrollen grandes audiencias. Eso, por sí mismo, no demuestra capacidad ni incapacidad para gobernar.

Pero obliga a distinguir entre dos habilidades diferentes: conquistar una audiencia y administrar un Estado. La primera requiere comunicación, conexión con el público, identificación de tendencias y capacidad empresarial. La segunda incorpora, además, responsabilidades constitucionales, económicas, diplomáticas, administrativas y de seguridad nacional.

La pregunta debería hacerse a todos

El debate no debería limitarse a Alofoke. Las mismas preguntas deberían plantearse a cualquier aspirante presidencial, independientemente de su partido, profesión, apellido, fortuna, popularidad o trayectoria política.

¿Qué conoce de la economía dominicana? ¿Cómo interpreta la deuda y las obligaciones futuras del Estado? ¿Qué sectores considera estratégicos? ¿Cómo respondería ante una crisis económica internacional? ¿Cuáles son los principales riesgos de seguridad nacional? ¿Cómo protegería las infraestructuras críticas? ¿Cómo seleccionaría a sus ministros y asesores?

Y quizá la pregunta central sea: ¿tiene la capacidad de comprender suficientemente un problema complejo antes de tomar una decisión que afectará a millones de dominicanos?

Ese debate es más amplio que determinar quién tiene más seguidores en las redes sociales. Porque una campaña puede apoyarse en la comunicación. Gobernar exige decidir.