Por Henry Montero Tapia
Cuando ocurre una tragedia de gran magnitud, como los terremotos que golpearon a Venezuela, las primeras imágenes suelen mostrar edificios colapsados, personas heridas, hospitales improvisados y comunidades enteras que buscan ayuda. Sin embargo, detrás de cada escombro también hay una herida invisible: el miedo, el duelo, la ansiedad, la desesperación y el trauma que quedan grabados en la mente de quienes sobreviven.
Por eso, en momentos de crisis, la labor de los psicólogos, profesionales de la salud mental y cuidadores emocionales es tan importante como la atención médica física. Ellos no solo escuchan; también estabilizan, orientan, contienen y ayudan a las personas a recuperar un mínimo sentido de seguridad cuando todo a su alrededor parece destruido.
La República Dominicana ha dado un ejemplo importante a través de la Misión Humanitaria Quisqueya Solidaria, desplegada en apoyo del hermano pueblo de Venezuela. De acuerdo con el informe consolidado de la misión, el equipo dominicano fue enviado a Maiquetía, específicamente a la comunidad de Catia La Mar, donde se instaló un hospital móvil de nivel 1 en el Estadio César Nieves. Allí se ofrecieron servicios de emergencia, ginecología, pediatría, consulta general, farmacia, laboratorio, agua y saneamiento, así como de salud mental.
Ese detalle es fundamental: la salud mental fue incluida desde el inicio como parte de la respuesta humanitaria. No se trató únicamente de curar heridas visibles, sino también de atender el sufrimiento emocional de una población afectada por la pérdida, el miedo y la incertidumbre.
En la primera jornada reportada, el equipo brindó atención a 34 pacientes, incluidas 5 intervenciones de salud mental, además de servicios médicos, la entrega de medicamentos, pruebas clínicas y el procesamiento de agua para la comunidad. Esta cifra inicial muestra que desde los primeros momentos de la emergencia ya existía una clara necesidad de apoyo psicológico.
Luego, en el Informe No. 2, la demanda de atención emocional aumentó de manera significativa. El Equipo Médico de Emergencia de República Dominicana reportó haber atendido a 155 pacientes, de los cuales 45 recibieron atención de salud mental. También se registraron 78 emergencias, 17 atenciones pediátricas y 10 ginecológicas, la entrega de 3.904 medicamentos, el procesamiento de 5.000 litros de agua y la cloración de reservorios comunitarios.
Estas cifras hablan por sí solas. Después de un desastre natural, muchas personas pueden presentar crisis de ansiedad, insomnio, ataques de pánico, irritabilidad, llanto persistente, sentimientos de culpa por haber sobrevivido, confusión, duelo traumático y temor constante a que ocurra otro desastre. En los niños, estos efectos pueden manifestarse como miedo a separarse de sus padres, regresiones, dificultades para dormir, silencio excesivo o conducta agresiva. En los adultos mayores, puede aparecer desorientación, tristeza profunda o sensación de abandono.
Ahí entra la función esencial del psicólogo y del cuidador de la salud mental. Su trabajo no es simplemente “dar ánimo”. Su labor consiste en crear un espacio seguro, ayudar a la persona a respirar, organizar sus pensamientos, identificar necesidades inmediatas, validar su dolor y prevenir que una crisis emocional se convierta en un problema psicológico más grave.
En este contexto, debe destacarse el trabajo de la Dra. Elizabeth Ruiz, quien encabeza el componente de salud mental de esta misión. Su función es profundamente humana: acompañar a personas que atraviesan estrés extremo, duelo, ansiedad y pérdida. En medio de una emergencia, esa presencia profesional puede marcar la diferencia entre una persona que se siente abandonada y otra que comienza a sentirse sostenida.
El segundo informe también muestra que el equipo dominicano realizó acciones comunitarias como perifoneo, entrega de material educativo, prevención en salud e intervenciones psicológicas. Estas acciones son importantes porque la salud mental en desastres no se limita a una consulta individual; también requiere educación, prevención, orientación familiar y contacto directo con la comunidad.
Los psicólogos en crisis desempeñan varias funciones vitales. Primero, ayudan a estabilizar emocionalmente a quienes están en estado de shock. Segundo, identifican personas en mayor riesgo, como niños, adultos mayores, personas con discapacidad, mujeres embarazadas, sobrevivientes que perdieron familiares y personas con antecedentes de depresión, ansiedad o trauma. Tercero, orientan a las familias sobre cómo manejar el duelo y hablar con los niños. Cuarto, apoyan al propio personal de emergencia, que también se expone al dolor, al cansancio y a escenas difíciles.
En una catástrofe, no solo se derrumban edificios. También se derrumba la sensación de seguridad. Por eso, la reconstrucción no puede ser únicamente física. Hay que reconstruir también la confianza, la esperanza y la capacidad emocional para seguir adelante.
La Misión Humanitaria Quisqueya Solidaria demuestra que una respuesta moderna ante desastres debe ser integral. Debe incluir médicos, enfermeros, técnicos, medicamentos, agua segura y logística; pero también psicólogos y profesionales preparados para atender el sufrimiento humano que no siempre se ve a simple vista.
La República Dominicana, a través de su Equipo Médico de Emergencia, ha llevado a Venezuela algo más que asistencia sanitaria. Ha llevado humanidad, escucha, consuelo y presencia. Ha demostrado que la salud mental no puede quedar para después, porque el trauma comienza desde el primer momento de la tragedia.
Reconocemos la importancia de los psicólogos y cuidadores de la salud mental en momentos de crisis. Ellos son parte esencial de la primera línea humanitaria. Son quienes ayudan a sostener emocionalmente a una madre que perdió su hogar, a un niño que no entiende lo ocurrido, a un padre que busca a su familia y a una comunidad que intenta levantarse entre los escombros.
Porque salvar vidas también significa cuidar la mente. Y acompañar el dolor también es una forma profunda de sanar.




