Karl Deisseroth, psiquiatra e investigador de Stanford, comparte el Premio Nobel de Fisiología o Medicina 2026 por ayudar a crear la optogenética, una herramienta que permite activar o silenciar neuronas con luz. El avance cambia la forma de estudiar emociones, memoria, adicción y trastornos mentales.
El cerebro humano contiene miles de millones de neuronas que se comunican a una velocidad extraordinaria. Durante décadas, la ciencia pudo observar qué regiones se activaban cuando una persona sentía miedo, recordaba un evento o experimentaba placer. Sin embargo, observar actividad no era suficiente para responder la pregunta más importante: ¿qué circuito cerebral está causando realmente esa emoción o conducta?
La optogenética acercó a la neurociencia a una respuesta.
El 5 de octubre, el Instituto Karolinska anunció que Karl Deisseroth, Peter Hegemann y Georg Nagel recibieron el Premio Nobel de Fisiología o Medicina 2026 por sus descubrimientos sobre canales iónicos activados por luz y el desarrollo de la optogenética.
¿Qué significa optogenética?
La palabra une dos ideas: “opto”, relacionada con la luz, y “genética”, relacionada con los genes.
La técnica permite que neuronas seleccionadas respondan a la luz. Para lograrlo, los investigadores introducen en esas células proteínas sensibles a la luz. Una de las más importantes se llama channelrhodopsin, identificada a partir de un alga microscópica.
Cuando se ilumina una neurona que posee esa proteína, la célula puede activarse. Con otras proteínas y longitudes de onda, también es posible disminuir o detener su actividad.
Dicho de forma sencilla: la optogenética creó un interruptor de luz capaz de encender o apagar circuitos específicos del cerebro con una precisión de milisegundos.
Karl Deisseroth demostró en 2005 que este mecanismo podía utilizarse para activar neuronas. Más adelante, su equipo mostró que podía funcionar dentro del cerebro de animales vivos, abriendo una nueva era para el estudio de la conducta y la mente.
De observar el cerebro a comprobar causas
La relevancia de la optogenética está en que permite ir más allá de las asociaciones.
Por ejemplo, si un estudio de imágenes cerebrales muestra que una región se activa durante la ansiedad, eso no demuestra por sí solo que esa región sea la causa de la ansiedad. Podría ser una consecuencia, una respuesta secundaria o simplemente una actividad paralela.
Con optogenética, los científicos pueden activar o silenciar un grupo concreto de neuronas y observar qué sucede. Si al modificar ese circuito cambia una conducta de miedo, la búsqueda compulsiva de una sustancia, el sueño o una respuesta de recompensa, se obtiene evidencia mucho más sólida sobre su función.
Esta herramienta ha permitido estudiar circuitos relacionados con memoria y aprendizaje, miedo y trauma, recompensa y adicción, motivación, sueño, dolor, conducta social, enfermedades neurológicas y trastornos psiquiátricos.
¿Cómo puede cambiar la psiquiatría?
La psiquiatría ha tenido que trabajar con síntomas complejos: tristeza persistente, pensamientos obsesivos, ataques de pánico, alucinaciones, impulsividad, insomnio o consumo compulsivo de sustancias. Dos personas pueden recibir el mismo diagnóstico y, sin embargo, presentar causas biológicas, psicológicas y sociales muy diferentes.
La optogenética ayuda a investigar esa diversidad. Su principal aportación no será reemplazar la entrevista clínica, la psicoterapia, los medicamentos o la comprensión del contexto de vida de una persona. Su aporte será identificar con mayor precisión los circuitos que participan en síntomas específicos.
En los próximos años, este conocimiento podría mejorar tratamientos ya existentes, entre ellos medicamentos dirigidos a nuevos mecanismos, la estimulación magnética transcraneal, la estimulación cerebral profunda y otras técnicas de neuromodulación.
También podría ayudar a distinguir subtipos de depresión, PTSD, trastornos por uso de sustancias, esquizofrenia y trastorno obsesivo-compulsivo. El objetivo es avanzar hacia una psiquiatría más personalizada: menos centrada únicamente en una etiqueta diagnóstica y más enfocada en los mecanismos que mantienen el sufrimiento de cada paciente.
No es todavía un tratamiento rutinario
Conviene evitar conclusiones exageradas. La optogenética se usa principalmente en investigación, especialmente en modelos animales. Para utilizarla en humanos habría que resolver importantes retos de seguridad, ética y tecnología, ya que implica modificar células para que respondan a la luz y llevar luz al tejido adecuado.
Sus aplicaciones clínicas más cercanas se investigan en áreas como la restauración parcial de la visión en algunas personas con deterioro visual. En psiquiatría, el impacto inmediato es científico: comprender mejor el cerebro para desarrollar intervenciones futuras más precisas.
El Nobel reconoce una idea poderosa: para tratar mejor los trastornos mentales, primero debemos comprender mejor los circuitos que participan en el pensamiento, las emociones y la conducta.
Pero el cerebro no existe aislado de la vida. La biología importa, y también importan el trauma, la pobreza, la familia, la discriminación, las relaciones, la cultura y el acceso a tratamiento. La próxima revolución de la psiquiatría deberá integrar todos esos niveles, no escoger uno y olvidar los demás.




