Abinader respaldará museo dominicano en Nueva York

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El proyecto, concebido hace más de dos décadas, busca preservar la historia de la diáspora y transmitir su legado cultural a las nuevas generaciones. Hasta el momento se han gestionado aproximadamente 38 millones de dólares.

Nueva York.— El presidente Luis Abinader anunció que el Gobierno dominicano buscará los mecanismos necesarios para contribuir con la culminación del Museo Histórico Cultural Dominicano, una obra que se desarrolla en Nueva York y que estará dedicada a preservar la historia, la identidad y los aportes de la comunidad dominicana en los Estados Unidos.

Durante una visita al proyecto, el mandatario solicitó al congresista de origen dominicano Adriano Espaillat y al equipo gestor que remitan los planos, el diseño y una propuesta económica con los recursos requeridos para completar la construcción.

“Nosotros vamos a hacer, pueden estar seguros, todo lo posible para llevar adelante esta gran idea”, expresó Abinader, quien destacó la importancia histórica, educativa y turística de la iniciativa.

El presidente indicó que, una vez recibida la documentación, el Gobierno evaluará las vías legales e institucionales para canalizar el respaldo. También mencionó la posibilidad de que el senador dominicano Carlos Gómez contribuya con las gestiones desde el Congreso Nacional.

El anuncio todavía no representa una asignación económica definitiva. El monto y la modalidad del eventual aporte dependerán de la evaluación técnica y financiera del proyecto.

Una idea con más de 20 años

La creación del museo surgió de una iniciativa impulsada por Adriano Espaillat hace más de dos décadas. Posteriormente, el Instituto de Estudios Dominicanos asumió el proyecto con el propósito de convertir aquella visión en una institución permanente.

Espaillat explicó que el museo estará situado dentro del denominado Distrito Dominicano, un espacio reconocido en el Registro Federal de Distritos Históricos que comprende áreas de la calle 155, el Alto Manhattan y parte de Inwood.

La ubicación tiene un significado especial. Alrededor de medio millón de dominicanos residen entre el oeste del Bronx y el Alto Manhattan, una de las concentraciones más importantes de la diáspora quisqueyana.

El proyecto también ha recibido respaldo de autoridades de la Universidad de la Ciudad de Nueva York, conocida como CUNY. La intención es que funcione como un museo universitario, con rigor académico, pero abierto al servicio de la comunidad.

Cinco salas y un archivo de la memoria

Los gestores han logrado reunir aproximadamente 38 millones de dólares mediante aportes y gestiones realizadas ante autoridades y representantes electos de distintos niveles del Gobierno de Nueva York.

La edificación contará con cinco salas de exhibición y espacios destinados a presentar diferentes etapas de la historia y la cultura dominicanas.

Uno de sus componentes principales será el primer proyecto permanente de historia oral dedicado a conservar las experiencias de los dominicanos que emigraron a Estados Unidos, trabajaron, formaron familias, crearon empresas y levantaron instituciones comunitarias.

El museo también dispondrá de una biblioteca infantil dirigida a preservar el idioma español y fortalecer la relación de los niños nacidos en Estados Unidos con la lengua de sus padres y abuelos.

Otros espacios estarán dedicados al béisbol, la música, el deporte y distintas expresiones que han contribuido a proyectar la identidad dominicana fuera del territorio nacional.

Más que un edificio

La importancia del museo no se limita a la conservación de documentos, fotografías u objetos históricos. Su propósito será explicar cómo una comunidad inmigrante transformó sectores completos de Nueva York y logró construir una presencia social, económica, política y cultural cada vez más influyente.

Durante décadas, miles de dominicanos llegaron a Estados Unidos en busca de mejores oportunidades. Trabajaron en fábricas, hospitales, escuelas, comercios, medios de comunicación y servicios públicos. Con el tiempo crearon organizaciones, eligieron representantes y consolidaron comunidades que hoy forman parte esencial de la ciudad.

Sin una institución dedicada a documentar ese recorrido, muchas historias corren el riesgo de desaparecer con sus protagonistas. El museo pretende convertirse en la casa permanente de esa memoria colectiva.

También podría funcionar como un atractivo educativo y turístico, tanto para estudiantes como para visitantes interesados en conocer el impacto de la migración dominicana en Nueva York.

La posible participación del Gobierno dominicano representa un paso importante, pero el proceso deberá acompañarse de transparencia. Cualquier aporte público deberá estar sustentado en presupuestos, cronogramas y mecanismos claros de fiscalización.

Concluir el museo sería más que inaugurar una nueva infraestructura. Significaría reconocer que la historia dominicana también se ha escrito fuera de la isla y que la diáspora merece un espacio donde sus luchas, sacrificios y conquistas puedan permanecer para las próximas generaciones.