Las anomalías térmicas detectadas durante varios días permitieron seguir la expansión del fuego hacia el Hoyo de Pelempito. El incendio fue controlado, pero habría afectado entre 16 y 18 kilómetros cuadrados de vegetación.
Pedernales.— Imágenes obtenidas mediante sistemas de monitoreo satelital registraron actividad térmica consecutiva entre el 15 y el 17 de septiembre de 2026 en distintos puntos de Pedernales y la Sierra de Bahoruco, coincidiendo con el incendio forestal que afectó las zonas de Pelempito y Aceitillar.
Las primeras detecciones fueron captadas por el instrumento VIIRS del satélite NOAA-20, cuyos sensores identifican variaciones de temperatura en la superficie terrestre. Los registros mostraron focos próximos a Cabo Rojo y terrenos situados al oeste de la Sierra de Bahoruco.
Una de las anomalías fue detectada el 15 de septiembre a las 17:17, hora universal coordinada, con una potencia radiativa estimada en 40.91 megavatios y un nivel nominal de confianza.
Durante los días siguientes, los puntos de calor se mantuvieron y aumentaron en el entorno de la Sierra, especialmente cerca del Hoyo de Pelempito. La concentración de las detecciones permitió observar desde el espacio el desplazamiento del incendio y orientar parte de las operaciones desplegadas en tierra.
Del espacio al terreno
Las imágenes satelitales constituyeron una herramienta importante para seguir el comportamiento del fuego en una zona montañosa, boscosa y de difícil acceso. Sin embargo, una anomalía térmica no representa automáticamente la extensión exacta de un incendio.
Cada punto identificado señala un área donde el sensor detectó una temperatura superior a la de su entorno. Aunque en este caso los registros coincidieron con un incendio confirmado, los satélites no pueden determinar por sí solos la causa del fuego ni calcular con precisión toda la superficie quemada.
En un momento de su evolución, las detecciones aparecieron distribuidas dentro de un polígono de más de 36 kilómetros cuadrados. Esa cifra no significaba que toda la extensión hubiese sido consumida por las llamas, sino que delimitaba el espacio donde se encontraban los diferentes focos térmicos.
Las evaluaciones preliminares realizadas posteriormente en el terreno estimaron que el incendio afectó entre 16 y 18 kilómetros cuadrados de vegetación. La cifra todavía puede variar conforme avancen los estudios técnicos.
Más de 200 personas movilizadas
El incendio se mantuvo activo durante casi una semana y obligó a movilizar a más de 200 personas, entre bomberos forestales, guardaparques, técnicos y miembros de organismos de emergencia.
También participaron brigadas procedentes de distintas provincias, junto con personal del Ministerio de Medio Ambiente, el Centro de Operaciones de Emergencias, la Defensa Civil, el Cuerpo de Bomberos de Pedernales y otras instituciones.
Las elevadas temperaturas, la escasez de lluvias, la sequedad de la vegetación y las dificultades de acceso complicaron las operaciones. Las lluvias registradas durante la madrugada del 18 de septiembre ayudaron a contener varios frentes y facilitaron el trabajo de los equipos.
El fuego llegó a aproximarse peligrosamente a las instalaciones del mirador del Hoyo de Pelempito, uno de los principales atractivos naturales de la provincia. Como medida preventiva, las visitas al Parque Nacional Sierra de Bahoruco fueron suspendidas temporalmente.
Las autoridades declararon posteriormente el incendio controlado en su totalidad, aunque permanecieron equipos vigilando las áreas donde todavía se observaban humaredas, ante el riesgo de una posible reactivación.
Un ecosistema nuevamente castigado
La Sierra de Bahoruco constituye uno de los espacios de mayor riqueza biológica de la República Dominicana. Sus bosques albergan numerosas especies endémicas y forman parte de la Reserva de Biosfera Jaragua-Bahoruco-Enriquillo.
El incendio afectó principalmente zonas cubiertas por pino criollo, una especie con capacidad de regenerarse después del fuego. No obstante, cuando los incendios ocurren con demasiada frecuencia, los árboles jóvenes pueden resultar quemados antes de alcanzar la madurez necesaria para producir semillas.
Esta recurrencia pone en peligro la recuperación natural del bosque y puede provocar erosión, pérdida de hábitat y desplazamiento o muerte de aves, reptiles y otras especies.
El nuevo siniestro ocurrió apenas meses después de otros dos grandes incendios registrados entre junio y julio en el mismo parque. Aquellos eventos impactaron aproximadamente 86.5 kilómetros cuadrados, de acuerdo con las evaluaciones difundidas posteriormente.
La repetición de incendios en un período tan corto aumenta la preocupación sobre la capacidad de recuperación de la Sierra y plantea interrogantes sobre la prevención, vigilancia y disponibilidad de recursos para proteger una de las áreas naturales más importantes del país.
La causa sigue bajo investigación
Hasta el momento no se ha establecido públicamente una causa definitiva del incendio. Las detecciones satelitales permiten determinar dónde y cuándo se produjo una anomalía térmica, pero no pueden establecer si el fuego fue provocado por una descarga eléctrica, una actividad humana accidental o una acción intencional.
Esa responsabilidad corresponde a las investigaciones realizadas en el terreno, mediante inspecciones, testimonios y análisis de los puntos donde posiblemente se originaron las llamas.
El seguimiento del incendio demuestra el valor de la tecnología satelital para emitir alertas, identificar focos y vigilar territorios de difícil acceso. Pero también evidencia que los datos obtenidos desde el espacio deben ser acompañados por una respuesta rápida en tierra.
El fuego fue controlado, pero la emergencia no termina con la desaparición de las llamas. Ahora corresponde determinar la causa, cuantificar los daños y establecer un programa de restauración y vigilancia que evite que la Sierra de Bahoruco vuelva a arder antes de recuperarse.




