Las declaraciones de la comunicadora Iluminada Muñoz, quien afirmó que los estudiantes dominicanos deberían aprender inglés y no creole, parten de una visión limitada sobre lo que representa aprender un nuevo idioma. Formarse nunca debe interpretarse como una amenaza. El conocimiento no debilita la identidad de un pueblo; por el contrario, amplía sus capacidades y le permite comprender mejor la realidad que lo rodea.
Promover el aprendizaje del creole no significa sustituir el español, abandonar la enseñanza del inglés ni renunciar a nuestra identidad nacional. Significa reconocer una realidad geográfica, histórica, económica y humana imposible de ignorar: Haití y República Dominicana comparten una misma isla. Somos dos naciones soberanas, con culturas e historias diferentes, pero inevitablemente vinculadas, como siameses que no pueden desconocer la existencia del otro.
Estados Unidos ofrece un ejemplo importante. Una gran mayoría de sus escuelas enseña español, no porque el país esté renunciando al inglés ni entregando su identidad, sino porque reconoce la presencia y la importancia de la comunidad hispana. El español es la lengua extranjera más estudiada en los centros escolares y universidades estadounidenses. Incluso, numerosas escuelas secundarias lo incluyen entre sus principales opciones de idiomas extranjeros.
Aprender la lengua de una población con la que existe una relación constante no representa sumisión. Es una herramienta de comunicación, entendimiento y preparación profesional. En la frontera, los hospitales, la construcción, el comercio, la agricultura, los organismos de seguridad y los servicios públicos, conocer creole puede facilitar el trabajo y evitar conflictos derivados de la falta de comunicación.
El inglés continúa siendo indispensable para la competitividad internacional, el turismo, la tecnología y los negocios. Su enseñanza debe fortalecerse urgentemente. Pero presentar el debate como una elección obligatoria entre inglés y creole es reducir innecesariamente las posibilidades de nuestros estudiantes. Una lengua no tiene que excluir a la otra.
La educación debe abrir puertas, no levantar muros. Nuestros jóvenes pueden dominar correctamente el español, aprender inglés y, al mismo tiempo, adquirir conocimientos de creole o de cualquier otra lengua que contribuya a su formación.
La dominicanidad no depende de ignorar el idioma del país vecino. Nuestra identidad es suficientemente sólida para relacionarnos con otras culturas sin desaparecer. Aprender creole no nos convierte en haitianos, del mismo modo que estudiar inglés no nos convierte en estadounidenses. Nos convierte, sencillamente, en ciudadanos mejor preparados.




