Moscú.– La capital rusa y su región metropolitana fueron blanco de uno de los mayores ataques con drones registrados desde el inicio de la guerra en Ucrania, una ofensiva que dejó al menos tres personas muertas, alrededor de veinte heridas y daños en infraestructuras energéticas y edificios residenciales.
Las primeras informaciones difundidas por la agencia estatal rusa TASS indicaban que 338 drones habían sido derribados o neutralizados cuando se aproximaban a Moscú. Sin embargo, las autoridades actualizaron posteriormente la cifra y aseguraron que aproximadamente 450 aparatos fueron interceptados en dirección a la capital.
En todo el territorio ruso y las zonas ucranianas ocupadas, el Ministerio de Defensa de Rusia afirmó haber neutralizado más de mil drones durante la ofensiva. Estas cifras proceden de fuentes oficiales rusas y no han podido ser verificadas de manera independiente en su totalidad.
El ataque provocó incendios, interrupciones temporales de las operaciones aéreas y evacuaciones preventivas. Uno de los puntos más afectados fue la refinería de petróleo de Moscú, donde se registraron explosiones y una columna de humo visible desde diferentes zonas de la ciudad.
También se reportaron daños en un edificio residencial. La caída de drones o de sus fragmentos obligó a evacuar a cientos de personas mientras los equipos de emergencia inspeccionaban las estructuras y atendían a los afectados.
Objetivos energéticos y logísticos
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, reconoció posteriormente la realización de una operación de gran alcance contra objetivos relacionados con el petróleo y la logística rusa. Según explicó, el propósito de estos ataques es disminuir la capacidad de Moscú para financiar y sostener su ofensiva militar.
Ucrania ha incrementado durante los últimos meses las operaciones de largo alcance contra refinerías, depósitos de combustible y otras instalaciones ubicadas en territorio ruso. Kiev considera que estas infraestructuras forman parte del aparato económico y logístico utilizado para mantener la guerra.
Rusia, por su parte, sostiene que los ataques representan una agresión contra su población civil y acusa a Ucrania de intentar sembrar miedo lejos de la línea del frente.
Ambos países aseguran que no atacan deliberadamente a civiles. Sin embargo, la extensión de las operaciones aéreas y el uso masivo de drones aumentan el riesgo de que proyectiles, aparatos interceptados o sus fragmentos impacten zonas habitadas.
Ataque coincide con elecciones parlamentarias
La ofensiva se produjo durante la jornada final de las elecciones parlamentarias rusas, una circunstancia que añadió una fuerte dimensión política al episodio.
El alcalde de Moscú, Serguéi Sobianin, acusó a Ucrania de intentar alterar el proceso electoral, aunque aseguró que la votación continuó. El partido Rusia Unida, vinculado al presidente Vladímir Putin, encabezaba los resultados preliminares.
Las elecciones también se desarrollaron en territorios ucranianos ocupados y anexados unilateralmente por Rusia, proceso considerado ilegítimo por Ucrania y cuestionado por gobiernos occidentales.
La coincidencia entre los ataques y la votación podría reforzar el discurso del Kremlin sobre la necesidad de mantener una política militar firme. También demuestra que, pese a sus sistemas de defensa aérea, la capital rusa continúa siendo vulnerable frente a operaciones coordinadas de gran escala.
La guerra se desplaza hacia las ciudades
Los drones se han convertido en una de las armas más utilizadas durante el conflicto debido a que resultan menos costosos que muchos misiles y pueden recorrer grandes distancias, realizar labores de vigilancia o atacar objetivos específicos.
Su utilización masiva está transformando la guerra. Las ofensivas ya no se limitan a las zonas cercanas al frente, sino que alcanzan ciudades, instalaciones energéticas y centros logísticos ubicados a cientos de kilómetros.
Mientras Ucrania intenta llevar el costo de la guerra al interior de Rusia, Moscú mantiene sus ataques contra Kyiv y otras ciudades ucranianas. Los bombardeos rusos también han causado víctimas civiles y daños considerables en viviendas e infraestructuras.
Esta dinámica amenaza con producir una nueva escalada. Las autoridades rusas han advertido que responderán intensificando sus operaciones, mientras Ucrania sostiene que continuará atacando instalaciones que considere vinculadas con el esfuerzo militar de Moscú.
El ataque contra la capital rusa confirma que la guerra ha entrado en una etapa marcada por ofensivas aéreas cada vez más amplias, capaces de superar defensas, paralizar aeropuertos y trasladar el conflicto directamente hacia las grandes ciudades.
Detrás de las cifras militares permanecen las consecuencias humanas: familias evacuadas, edificios dañados, personas heridas y civiles que nuevamente terminan pagando el precio de una guerra que continúa ampliando su alcance.




