El futuro eléctrico no debe quedarse estacionado

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El Malecón, la Ciudad Colonial y las principales zonas turísticas del país podrían convertirse en espacios de movilidad moderna, sostenible y rentable si las autoridades deciden regular en lugar de impedir

Por Annie Fernández

República Dominicana tiene una relación contradictoria con la innovación: celebramos el futuro en los discursos, pero cuando ese futuro intenta circular por nuestras calles, lo detenemos porque todavía no hemos creado las reglas necesarias.

Eso está ocurriendo con las patinetas, bicicletas y motocicletas eléctricas.

Estos medios pueden convertirse en una alternativa eficiente para recorridos cortos, una experiencia atractiva para los visitantes y una nueva fuente de ingresos para cientos de emprendedores. Sin embargo, su desarrollo continúa frenado por permisos confusos, dificultades para asegurar las unidades y una evidente falta de coordinación entre el INTRANT, las alcaldías, el Ministerio de Turismo, la DGII, Aduanas y la Superintendencia de Seguros.

No propongo que las patinetas circulen sin control, invadan las aceras o pongan en peligro a los peatones. Tampoco defiendo que cualquier empresa pueda ocupar el espacio público sin autorización.

Defiendo algo más responsable: regular una realidad que ya existe y convertirla en una oportunidad para el país.

El Malecón tiene las condiciones

El Malecón de Santo Domingo posee un extraordinario potencial para desarrollar un proyecto organizado de micromovilidad eléctrica.

Una persona podría estacionar su vehículo en un punto autorizado, alquilar una bicicleta o patineta eléctrica y recorrer parte de la avenida George Washington mientras contempla el mar, visita un monumento, llega hasta un restaurante o se conecta con otros espacios recreativos.

Esto permitiría recuperar la relación de la ciudad con su costa.

Actualmente, gran parte del Malecón funciona como un corredor dominado por automóviles. El ruido, la velocidad y la falta de continuidad peatonal limitan su aprovechamiento como espacio recreativo y turístico.

Una ruta segura para bicicletas y patinetas eléctricas podría cambiar completamente esa experiencia. Pero tendría que contar con carriles delimitados, iluminación, señalización, puntos de carga, estaciones organizadas, vigilancia y límites de velocidad.

Las alcaldías podrían otorgar permisos mediante procesos transparentes, establecer lugares de estacionamiento y cobrar tasas por la utilización comercial del espacio público. El negocio generaría empleos y, al mismo tiempo, nuevos ingresos municipales.

La Ciudad Colonial necesita menos vehículos y más movilidad humana

La Ciudad Colonial representa otro escenario ideal.

Sus calles estrechas, su patrimonio arquitectónico y la corta distancia entre sus principales atractivos hacen innecesario que todos los desplazamientos se realicen en automóviles.

Las bicicletas y patinetas eléctricas podrían conectar museos, plazas, restaurantes, hoteles, comercios y monumentos sin aumentar significativamente la contaminación ni el ruido.

Para un visitante, recorrer la zona en una bicicleta eléctrica podría convertirse en parte de la experiencia turística. También beneficiaría a residentes y trabajadores que necesitan trasladarse varias cuadras durante el día.

Pero la Ciudad Colonial requiere un cuidado especial.

Las aceras deben pertenecer a los peatones. Las unidades no pueden abandonarse frente a monumentos, viviendas o establecimientos. Tampoco deberían circular a velocidades capaces de poner en peligro a envejecientes, niños o personas con discapacidad.

La solución no es prohibirlas. La solución es establecer rutas, horarios, estacionamientos y zonas de baja velocidad.

La tecnología permite controlar muchas de estas condiciones. Las unidades pueden reducir automáticamente su velocidad al entrar en determinadas áreas e impedir que el usuario termine el alquiler si no las estaciona en un lugar autorizado.

Podemos utilizar la innovación para ordenar la innovación.

Una oportunidad para todos nuestros destinos

El potencial no se limita a Santo Domingo.

Punta Cana, Bávaro, Puerto Plata, Cabarete, Samaná, Las Terrenas, Bayahíbe, La Romana, Santiago y otros destinos podrían incorporar sistemas de movilidad eléctrica adaptados a sus características.

En las zonas hoteleras, estos vehículos podrían utilizarse para trasladarse entre complejos, playas, restaurantes, plazas y espacios recreativos. Las motocicletas eléctricas también podrían prestar servicios de mensajería, reparto y transporte interno con menos ruido y menores costos operativos.

Además, podrían crearse rutas turísticas dirigidas por guías capacitados, con paradas culturales, históricas, gastronómicas y comerciales. Esto permitiría distribuir el gasto de los visitantes entre pequeños negocios que normalmente quedan fuera de los grandes circuitos turísticos.

Una excursión eléctrica puede convertirse en un producto turístico. No solamente transporta personas: crea experiencias y oportunidades económicas.

El Ministerio de Turismo debe comprender que la movilidad forma parte del destino. Un visitante no evalúa únicamente la habitación del hotel o la belleza de la playa. También valora la facilidad para desplazarse, la seguridad, la limpieza, el ruido y la organización.

Un negocio con capacidad para generar empleos

Alrededor de la micromovilidad eléctrica puede desarrollarse toda una cadena económica.

Se necesitan empresas de alquiler, técnicos, instaladores de cargadores, operadores de plataformas digitales, diseñadores de rutas, supervisores, guías turísticos y personal de atención al cliente.

También crecerá la demanda de baterías, piezas, cascos, equipos de protección, sistemas de geolocalización y espacios de almacenamiento.

Los jóvenes podrían encontrar oportunidades de emprendimiento en una actividad vinculada con la tecnología y el turismo. Los ayuntamientos podrían recibir ingresos por licencias, permisos y concesiones. Los comercios ubicados dentro de las rutas podrían beneficiarse de una mayor circulación de visitantes.

La movilidad eléctrica no debe mirarse únicamente como un tema ambiental. También puede convertirse en una industria capaz de producir empleos y sostener nuevos modelos de negocio.

El seguro: una barrera que debe resolverse

Uno de los principales obstáculos es la dificultad para obtener seguros adecuados.

Las motocicletas eléctricas propulsadas mediante acelerador son consideradas vehículos de motor. Por tanto, deben contar con matrícula, placa, póliza de responsabilidad civil, licencia de conducir y casco protector.

En principio, una motocicleta eléctrica correctamente matriculada puede asegurarse. El inconveniente aparece cuando la unidad entra al país sin la documentación técnica necesaria, sin un número de identificación reconocido o bajo una clasificación que no corresponde con su verdadero funcionamiento.

Sin matrícula, la aseguradora tiene dificultades para identificar legalmente el vehículo y emitir una póliza tradicional.

Las patinetas y determinadas bicicletas eléctricas enfrentan otro problema. Como no siempre son consideradas vehículos de motor, pueden quedar fuera del seguro obligatorio diseñado para automóviles y motocicletas.

Sin embargo, cuando se destinan al alquiler comercial existen riesgos que deben cubrirse: lesiones al usuario, daños a peatones, accidentes por fallas mecánicas, responsabilidad del operador, robo, vandalismo, incendios de baterías y perjuicios a terceros.

República Dominicana necesita una póliza especializada para la micromovilidad.

No se puede exigir responsabilidad a un emprendedor y, al mismo tiempo, impedirle obtener una cobertura diseñada para la actividad que pretende desarrollar.

La Superintendencia de Seguros, las aseguradoras y el INTRANT deben trabajar con los operadores para construir una solución.

El problema comienza desde la importación

Muchas unidades llegan al país sin una clasificación suficientemente clara.

Algunas se venden como bicicletas eléctricas, aunque su propulsión y velocidad podrían colocarlas dentro de la categoría de motocicletas. Otras carecen de documentos técnicos o números de identificación que faciliten su matriculación.

El consumidor compra legalmente una unidad y posteriormente descubre que no puede obtener placa, seguro o autorización para circular.

Esto no es justo ni para el comprador ni para el emprendedor.

Aduanas debe controlar la clasificación antes de permitir la importación comercial. La DGII necesita establecer procedimientos uniformes para registrar las motocicletas eléctricas. El INTRANT debe definir las características técnicas de cada categoría y comunicar esas normas tanto a los importadores como a los usuarios.

No podemos continuar permitiendo la entrada de vehículos que luego el mismo Estado dificulta registrar y asegurar.

Regular no significa llenar de obstáculos

Existe el riesgo de que las autoridades respondan creando tantos requisitos que conviertan el negocio en una actividad imposible.

Regular debe significar establecer seguridad, no multiplicar trámites.

Una empresa debería poder presentar sus documentos mediante un procedimiento coordinado, obtener la clasificación de sus unidades, contratar el seguro correspondiente y recibir una autorización para operar en zonas determinadas.

Las condiciones deben ser firmes: unidades identificadas, mantenimiento documentado, cascos disponibles, límites tecnológicos de velocidad, seguro para usuarios y terceros, estacionamientos autorizados y sanciones cuando el operador incumpla.

Cuando las reglas son claras, el inversionista sabe qué debe hacer y la autoridad sabe qué debe fiscalizar.

El peatón debe ocupar el centro

Apoyar la movilidad eléctrica no significa entregar las aceras a las patinetas.

El peatón debe continuar siendo la prioridad, especialmente en la Ciudad Colonial, el Malecón y los destinos turísticos.

Las personas con discapacidad, los envejecientes y las familias con niños necesitan espacios seguros. Una patineta abandonada en una acera puede convertirse en una barrera tan grave como un automóvil estacionado incorrectamente.

Por eso, cualquier autorización debe ir acompañada de infraestructura, tecnología y fiscalización.

Si no existen carriles seguros, el usuario terminará circulando entre automóviles o invadiendo espacios peatonales. En ambos escenarios aumenta el peligro.

No se puede promover una nueva forma de movilidad sin crear un espacio organizado para ella.

Una ciudad también se vende por la forma en que se recorre

Santo Domingo posee historia, mar, gastronomía, cultura y espacios que podrían conectarse mediante rutas eléctricas seguras.

Imaginemos un recorrido que comience en la Ciudad Colonial y continúe hacia el Malecón. Imaginemos estaciones organizadas, aplicaciones de alquiler, guías turísticos, puntos de carga y comercios integrados.

No es una fantasía. Es un proyecto que puede estructurarse mediante alianzas transparentes entre el sector público y el privado.

Lo mismo podría hacerse en Puerto Plata, Punta Cana, Samaná y otros destinos.

Para lograrlo debemos dejar de mirar las patinetas y bicicletas eléctricas únicamente como objetos que estorban y comenzar a verlas como parte de una nueva economía urbana y turística.

No debemos prohibir el futuro por no haberlo reglamentado

Las autoridades tienen la obligación de impedir operaciones inseguras. Lo que no deberían hacer es convertir su propia falta de regulación en una condena contra toda una industria.

Si faltan seguros, deben facilitarse productos aseguradores.

Si faltan registros, debe crearse un mecanismo de identificación.

Si existen riesgos para los peatones, deben establecerse rutas, límites de velocidad y sanciones.

Si las unidades no cumplen las condiciones técnicas, debe controlarse su importación antes de que lleguen al consumidor.

El Malecón, la Ciudad Colonial y nuestros principales destinos turísticos necesitan alternativas que reduzcan el ruido, descongestionen los recorridos cortos y mejoren la experiencia de sus visitantes.

Las patinetas, bicicletas y motocicletas eléctricas pueden aportar parte de esa solución.

El futuro no debe llegar sin reglas, pero tampoco podemos seguir deteniéndolo porque nuestras instituciones todavía no se han puesto de acuerdo.

Regular la micromovilidad eléctrica no significa escoger entre el negocio y la seguridad. Significa crear las condiciones para que ambos puedan avanzar juntos.

Annie Fernández
Editora de Voces del Oeste