La jornada de 2026 destaca la necesidad de impulsar sistemas de refrigeración más eficientes y sostenibles frente al aumento de las temperaturas.
Cada 16 de septiembre se conmemora el Día Internacional de la Preservación de la Capa de Ozono, una fecha destinada a recordar la importancia de proteger este escudo natural que resguarda la vida en el planeta de los efectos más dañinos de la radiación ultravioleta proveniente del sol.
La celebración de este año se desarrolla bajo el lema “Acción mundial por un planeta más fresco”, destacando que la protección de la capa de ozono también está estrechamente relacionada con la lucha contra el calentamiento global y la necesidad de garantizar un acceso sostenible a la refrigeración.
La capa de ozono se encuentra principalmente en la estratosfera y actúa como un filtro que absorbe una parte considerable de la radiación ultravioleta. Sin esta protección aumentarían los casos de cáncer de piel, cataratas y daños al sistema inmunológico. También resultarían afectados los cultivos, los ecosistemas marinos y numerosas especies fundamentales para el equilibrio ambiental.
Un acuerdo que cambió el rumbo
La conmemoración recuerda la firma del Protocolo de Montreal, adoptado el 16 de septiembre de 1987. Este acuerdo internacional impulsó la eliminación progresiva de sustancias químicas responsables del deterioro de la capa de ozono, utilizadas durante décadas en aerosoles, sistemas de aire acondicionado, refrigeradores y procesos industriales.
El Protocolo de Montreal es considerado uno de los acuerdos ambientales más exitosos de la historia. Gracias a la cooperación entre los países, se ha eliminado la mayor parte de las sustancias controladas que destruían el ozono y la capa protectora presenta señales de recuperación.
Las proyecciones científicas indican que, si se mantienen las políticas actuales, los niveles de ozono podrían regresar gradualmente a valores anteriores a 1980 durante las próximas décadas. Sin embargo, los especialistas advierten que este avance no debe provocar una reducción de los controles ni de la vigilancia internacional.
Refrigerar sin calentar el planeta
El desafío actual consiste en sustituir los gases que dañan el ozono y, al mismo tiempo, reducir aquellos que contribuyen al calentamiento global. Algunos refrigerantes introducidos como alternativas no destruyen directamente la capa de ozono, pero poseen un elevado potencial de calentamiento atmosférico.
La Enmienda de Kigali al Protocolo de Montreal procura disminuir progresivamente el uso de estos gases y promover tecnologías de refrigeración más eficientes. Su aplicación completa podría evitar hasta medio grado Celsius de calentamiento global para finales de este siglo, beneficio que podría ampliarse con equipos de menor consumo energético.
Esta transición es especialmente importante ante el aumento de las temperaturas extremas. La refrigeración protege medicamentos, alimentos y vacunas, garantiza condiciones adecuadas en hospitales y escuelas, y puede salvar vidas durante las olas de calor. El reto es ampliar su acceso sin incrementar de manera descontrolada el consumo eléctrico y las emisiones contaminantes.
Un compromiso necesario para República Dominicana
Para la República Dominicana, un país insular expuesto al calor extremo y a los efectos del cambio climático, la preservación de la capa de ozono representa un asunto de salud pública, seguridad alimentaria y protección ambiental.
El crecimiento del uso de acondicionadores de aire y sistemas de refrigeración hace necesario fortalecer la capacitación de los técnicos, evitar las fugas de gases, controlar la importación de sustancias prohibidas y promover equipos de mayor eficiencia energética.
También es fundamental que los aparatos de refrigeración sean manejados correctamente al concluir su vida útil. Abandonarlos en vertederos o desmantelarlos sin procedimientos adecuados puede liberar gases contaminantes a la atmósfera y aumentar otros riesgos ambientales.
El Día Internacional de la Preservación de la Capa de Ozono recuerda que los grandes problemas ambientales pueden enfrentarse cuando existe cooperación, vigilancia y voluntad política. La recuperación de este escudo natural constituye una esperanza para el planeta, pero también una responsabilidad que debe mantenerse de generación en generación.




