Ernesto Rodríguez García asume la Policía Nacional: de la prevención y el control interno al gran reto de la seguridad ciudadana

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Santo Domingo.— El mayor general Ernesto Rafael Rodríguez García inicia la responsabilidad más importante de su extensa carrera policial tras ser designado por el presidente Luis Abinader como director general de la Policía Nacional, mediante el Decreto 558-26. Su ascenso no solamente lo coloca en la máxima posición de mando de la institución, sino que ocurre en un momento en el que la seguridad ciudadana, la reforma policial y la relación entre los agentes y la población continúan ocupando un lugar central en la agenda nacional.

Rodríguez García no llega a la Dirección General desde fuera de la estructura ni como un oficial desconocido para la actual administración. Por el contrario, durante el gobierno de Luis Abinader ha pasado por posiciones estratégicas que le han permitido conocer diferentes dimensiones de la institución: el tránsito, la prevención, el mando territorial y, más recientemente, la supervisión y el control interno de la propia Policía.

Uno de los cargos de mayor exposición que desempeñó fue la Dirección General de Seguridad de Tránsito y Transporte Terrestre (DIGESETT), desde donde tuvo bajo su responsabilidad las labores de fiscalización, regulación y seguridad vial. Aquella función lo colocó frente a uno de los problemas más complejos y cotidianos del país: el comportamiento en las vías y la necesidad de hacer cumplir las normas de tránsito.

Posteriormente ocupó importantes responsabilidades operativas dentro de la Policía Nacional, incluyendo la Dirección Central de Prevención, una posición especialmente vinculada con el patrullaje, la presencia policial en las calles y las estrategias dirigidas a prevenir hechos delictivos antes de que ocurran. También ha encabezado direcciones regionales, entre ellas las correspondientes al Distrito Nacional y al Cibao Central, acumulando experiencia directa sobre las diferentes realidades territoriales que enfrenta la seguridad pública.

Su ascenso dentro de la actual administración tuvo otro momento importante en febrero de 2026, cuando el presidente Abinader lo designó inspector general de la Policía Nacional mediante el Decreto 133-26. Desde esa posición asumió responsabilidades relacionadas con supervisión, disciplina y cumplimiento de los procedimientos internos de la institución.

Ese recorrido adquiere ahora una dimensión diferente.

Rodríguez García pasa de supervisar el funcionamiento interno de la Policía a tener la responsabilidad de conducirla por completo. Y esa transición coloca sobre sus hombros un desafío que va mucho más allá de dirigir operativos o administrar personal.

El nuevo director general tendrá que enfrentar simultáneamente dos grandes tareas: continuar el proceso de transformación institucional de la Policía Nacional y producir resultados visibles en materia de seguridad ciudadana. Ambas cosas están estrechamente relacionadas, pero ninguna resulta sencilla.

La ciudadanía espera una Policía capaz de responder con rapidez frente al delito, aumentar la presencia preventiva en los territorios y fortalecer la investigación criminal. Pero también exige agentes mejor preparados, respetuosos de los derechos ciudadanos, correctamente supervisados y sometidos a consecuencias cuando actúan fuera de la ley.

Precisamente su paso por la Inspectoría General puede convertirse en una ventaja importante para esta nueva etapa. Rodríguez García ha tenido la oportunidad de observar la institución desde el espacio responsable de fiscalizar su disciplina y funcionamiento interno. Ahora tendrá capacidad para llevar esa experiencia hasta la máxima dirección y convertirla en decisiones de mando.

El desafío será conseguir que la reforma policial no se perciba únicamente desde los documentos, las inversiones o las nuevas tecnologías, sino también en la calle: en la conducta del agente, en la calidad del servicio, en los tiempos de respuesta y en la confianza que pueda generar la institución entre los ciudadanos.

Su experiencia en Prevención también será determinante. La seguridad pública no puede sostenerse exclusivamente sobre la reacción después de cometido un delito. Una Policía moderna necesita inteligencia, patrullaje estratégico, información territorial y capacidad para identificar patrones y anticiparse a los hechos.

A esto se suma el reto de continuar profesionalizando la carrera policial. Rodríguez García ingresó a la Academia para Cadetes en 1987 y ha desarrollado prácticamente toda su vida profesional dentro de la institución. Es técnico y oficial en Ciencias Policiales y licenciado en Derecho, graduado magna cum laude de la Universidad del Caribe. Su trayectoria incluye más de tres décadas pasando por diferentes niveles de responsabilidad y mando.

Esa condición de oficial de carrera también aumenta las expectativas.

Quien ha conocido la Policía desde sus estructuras internas, ha dirigido unidades operativas, ha administrado territorios, ha estado frente al tránsito, ha encabezado Prevención y ha sido inspector general conoce tanto las capacidades como las debilidades de la institución. Por eso, su llegada a la Dirección General difícilmente puede plantearse como un período para descubrir los problemas: los conoce desde dentro y ahora tendrá la autoridad para enfrentarlos.

Su recorrido durante el gobierno de Luis Abinader muestra precisamente esa progresión: responsabilidades vinculadas al tránsito y la seguridad vial, dirección de áreas de prevención y mandos territoriales y, en febrero de 2026, su designación como inspector general. Ahora el Decreto 558-26 lo lleva a la Dirección General y lo asciende al rango de mayor general.

El nombramiento representa, por tanto, mucho más que un cambio de mando.

Ernesto Rodríguez García recibe una Policía que se encuentra en pleno proceso de transformación y una sociedad que exige resultados concretos. Tendrá que fortalecer la prevención, enfrentar la delincuencia, mejorar la disciplina interna, continuar la profesionalización de los agentes y lograr que la tecnología y las inversiones realizadas en la institución se traduzcan en mayor seguridad para la población.

Pero probablemente su mayor desafío será otro: fortalecer la confianza entre la Policía y la ciudadanía.

La seguridad no depende únicamente del número de patrullas ni de los operativos realizados. También depende de que el ciudadano vea al policía como una autoridad profesional, preparada y confiable; y de que el propio agente comprenda que ejercer autoridad implica también responsabilidad.

Rodríguez García llega a la máxima posición después de recorrer durante décadas diferentes niveles de la institución. Ha conocido el tránsito, la prevención, los mandos regionales y el control interno. Ahora tendrá bajo su responsabilidad todo el cuerpo policial.

Ya no se trata de dirigir una parte de la Policía Nacional. El reto, desde ahora, es conducir su transformación completa y conseguir que esa transformación pueda sentirse donde verdaderamente importa: en las calles y en la seguridad cotidiana de los dominicanos.