La lactancia materna también se enseña: una invitación a las facultades de ciencias de la salud

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Por Navia Soler
Psicóloga Clínica | Psicología Perinatal y asesora de Lactancia Materna

Cada año, durante la Semana Mundial de la Lactancia Materna, hospitales, universidades, sociedades médicas y organismos internacionales renuevan su compromiso con la promoción de la lactancia. Se organizan conferencias, campañas educativas y actividades comunitarias que recuerdan los beneficios de alimentar a un bebé con leche humana.

Sin embargo, una pregunta merece un espacio en esta conversación:

¿Estamos formando a los futuros profesionales de la salud para acompañar con competencia a las madres que desean amamantar?

La Organización Mundial de la Salud y UNICEF consideran la lactancia materna una de las intervenciones de salud pública con mayor impacto para mejorar la supervivencia infantil, reducir enfermedades y favorecer la salud materna. Aun así, miles de mujeres interrumpen la lactancia antes de lo que habían planeado, muchas veces por dificultades que pudieron haberse prevenido con una orientación adecuada.

No se trata únicamente de promover la lactancia. Se trata de saber acompañarla.

Quienes trabajamos con madres y recién nacidos conocemos una realidad que rara vez aparece en los libros de texto. Una mujer puede tener el deseo, la motivación y el apoyo de su familia para amamantar, pero encontrarse con información contradictoria en distintos niveles del sistema de salud.

En ocasiones, un profesional recomienda una conducta y otro sugiere exactamente lo contrario. Algunas madres reciben mensajes basados en evidencia; otras escuchan recomendaciones sustentadas en experiencias personales, prácticas tradicionales o conocimientos que no han sido actualizados.

El resultado es predecible: incertidumbre, ansiedad y, con frecuencia, un abandono precoz de la lactancia.

La lactancia materna es un proceso biológico, sí, pero también es un proceso clínico que requiere conocimientos específicos.

Comprender la anatomía de la mama, la fisiología hormonal, la transferencia de leche, la biomecánica de la succión, el desarrollo neurológico del recién nacido, la salud mental materna y las condiciones clínicas que pueden dificultar el amamantamiento exige una preparación que va más allá de unas pocas horas de clase.

Un recién nacido con tortícolis muscular congénita, una lesión del plexo braquial, una fractura de clavícula o una alteración en la movilidad oral puede presentar dificultades para alimentarse. Una madre con dolor persistente, ansiedad posparto o antecedentes de cirugía mamaria también necesita una valoración integral.

Estos escenarios requieren profesionales capaces de evaluar, intervenir y, cuando corresponda, derivar oportunamente.

La pregunta no es si los estudiantes de Medicina, Enfermería, Obstetricia, Nutrición o Pediatría, psicología reciben algún contenido sobre lactancia. La verdadera pregunta es si esa formación es suficiente para responder a los desafíos que encontrarán en su práctica profesional.

La educación superior tiene la responsabilidad de preparar profesionales para las necesidades reales de la población. Si aspiramos a mejorar los indicadores de lactancia materna y alcanzar las metas propuestas por los organismos internacionales, la formación académica debe ocupar un lugar central en esa estrategia.

Esto significa añadir una asignatura más al currículo ya exigente. La lactancia materna atraviesa múltiples disciplinas y merece un abordaje transversal, actualizado y basado en evidencia científica. Significa ofrecer experiencias clínicas supervisadas, fortalecer la educación interprofesional y promover la actualización continua del profesorado.

Las universidades han liderado grandes transformaciones en la medicina moderna. Hoy tienen la oportunidad de impulsar otra: formar profesionales que no solo conozcan los beneficios de la lactancia, sino que también desarrollen las competencias necesarias para acompañar a cada madre y a cada bebé con seguridad, sensibilidad y rigor científico.

La promoción de la lactancia no comienza en las campañas de agosto.

Comienza en las aulas.

Comienza en los hospitales universitarios.

Y, sobre todo, comienza con la decisión de formar profesionales que comprendan que detrás de cada díada madre-bebé existe una historia única que merece ser acompañada con conocimiento, empatía y evidencia.

Quizá el mayor legado que una facultad de ciencias de la salud pueda dejar no sea únicamente graduar excelentes médicos, enfermeras u obstetras. Quizá sea graduar profesionales capaces de transformar una de las primeras experiencias de salud en la vida de una familia.

Porque cuando una universidad fortalece la formación en lactancia materna, no solo mejora un programa académico. Contribuye a construir una sociedad más saludable desde el comienzo mismo de la vida.