La unidad: el activo estratégico del PRM

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Por Yudelka Batista

La XXIII Convención Nacional Extraordinaria del Partido Revolucionario Moderno (PRM), celebrada este domingo, marca el inicio de una nueva etapa política para la organización. Más allá de la aprobación de reformas estatutarias, el encuentro abre oficialmente el ciclo de renovación partidaria que culminará con la elección de nuevas autoridades y, posteriormente cercano, con la construcción del liderazgo que encabezará el proyecto político hacia el 2028.

Como ocurre en toda organización política fuerte, el relevo genera expectativas. En el PRM conviven dirigentes con liderazgo nacional, experiencia de gobierno y legítimas aspiraciones de seguir sirviendo al país desde las más altas responsabilidades. Los nombres de Carolina Mejía, David Collado, Eduardo “Yayo” Sanz Lovatón, Guido Gómez y Wellington Arnaud forman parte de una conversación política natural dentro de un partido que hoy cuenta con una cantera de liderazgo difícil de encontrar en la historia reciente dominicana.

Lejos de interpretarse como una amenaza, esa diversidad es lo que constituye una de las principales fortalezas del PRM. Los partidos verdaderamente democráticos no temen a la competencia; la organizan, la regulan y la convierten en un instrumento para fortalecer su legitimidad. La pluralidad de liderazgos demuestra que el relevo existe, que hay capacidad de gestión y que el proyecto político prevalece y posee continuidad más allá de cualquier figura individual.

Sin embargo, toda competencia necesita un punto de equilibrio. Ese equilibrio, en este momento histórico, tiene nombre propio: el liderazgo del presidente Luis Abinader.

Concluido su segundo mandato constitucional, el Presidente está llamado a desempeñar un papel distinto, pero igualmente trascendental. No como árbitro de aspiraciones personales, sino como garante de la institucionalidad partidaria, de la convivencia democrática y de la unidad que ha permitido al PRM convertirse en la principal fuerza política del país.

Los grandes partidos trascienden cuando comprenden que el liderazgo institucional resulta más importante que el liderazgo coyuntural. La presidencia del partido no debe entenderse únicamente como una posición orgánica; representa la responsabilidad de preservar las reglas, garantizar igualdad de oportunidades para todos los aspirantes y asegurar que la competencia interna fortalezca, y no fracture, la organización.

La historia política latinoamericana demuestra que la mayoría de los partidos de gobierno no pierden el poder por falta de respaldo ciudadano. Lo pierden cuando las diferencias internas terminan sustituyendo el propósito colectivo. Las divisiones, más que la oposición, suelen convertirse en el principal riesgo para las organizaciones exitosas.

El desafío del PRM, por tanto, no consiste únicamente en escoger quién encabezará la boleta presidencial de 2028. El verdadero reto es construir un proceso donde cada aspirante pueda competir con libertad, donde las reglas sean respetadas por todos y donde, al concluir la contienda, prevalezca la convicción de que el proyecto colectivo está por encima de cualquier aspiración individual.

La renovación partidaria que hoy comienza debe ser entendida como un ejercicio de madurez política. Un partido que gobierna no puede permitirse reproducir las prácticas que durante décadas debilitaron el sistema de partidos dominicano. Está llamado a demostrar que es posible competir sin destruirse, discrepar sin dividirse y renovar liderazgos sin perder cohesión.

El PRM tiene hoy una oportunidad histórica. Cuenta con un liderazgo presidencial ampliamente reconocido, con dirigentes de proyección nacional, con una gestión de gobierno que será evaluada por la ciudadanía y con una estructura territorial consolidada. Pocas organizaciones políticas han iniciado un proceso sucesorio desde una posición tan favorable.

Pero ninguna ventaja es permanente. El 2028 no comienza el día de las elecciones; comenzó hoy, con la forma en que el partido decidió organizar su renovación interna.

Si el PRM logra administrar sus legítimas aspiraciones dentro del marco de la institucionalidad, la transparencia y el respeto mutuo, llegará fortalecido al próximo proceso electoral. El mayor activo que ha construido desde su nacimiento: la confianza de la ciudadanía.

Porque, al final, la mayor victoria de un partido es demostrar que posee la madurez suficiente para seguir siendo un instrumento de estabilidad democrática, buen gobierno y continuidad institucional para la República Dominicana.

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