Mayra Jiménez y el helicóptero: cuando la percepción también importa en política

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En política, muchas veces la discusión no gira únicamente en torno a lo que es legal, sino también a lo que resulta prudente, oportuno y éticamente aceptable ante la mirada de la ciudadanía.

Y precisamente eso es lo que ha ocurrido con la reciente controversia que involucra a Mayra Jiménez, dirigente vinculada al oficialista Partido Revolucionario Moderno, luego de que se viralizaran imágenes de su llegada en helicóptero a una actividad pública.

Los videos, difundidos ampliamente en redes sociales, muestran a un helicóptero aterrizando en un terreno deportivo para trasladar a la funcionaria, generando una ola de críticas y cuestionamientos sobre el uso de este tipo de recursos por parte de servidores públicos.

La reacción no tardó en llegar.

Mientras algunos defendieron el hecho alegando razones logísticas o de agenda, otros consideraron que la escena proyecta una imagen de desconexión con la realidad que vive gran parte de la población dominicana.

La política también es percepción

República Dominicana atraviesa un momento en el que miles de ciudadanos enfrentan dificultades económicas, largas horas atrapados en el tránsito, altos costos de la vida y deficiencias en servicios básicos.

En ese contexto, ver a una funcionaria llegar en helicóptero a una actividad partidaria o institucional puede interpretarse como un privilegio difícil de justificar ante una ciudadanía que espera señales de austeridad y cercanía.

No se trata únicamente de si existió autorización o si el traslado cumplía con los protocolos establecidos. El verdadero debate es otro: ¿era necesario?

Porque aquello que puede parecer una decisión operativa para algunos, para otros representa un símbolo de distanciamiento entre la clase política y la gente común.

La explicación oficial

Ante la controversia, Mayra Jiménez explicó que el aterrizaje cercano al Hospital Ney Arias Lora estuvo relacionado con el traslado urgente de empleados del programa Supérate que habían sufrido un accidente, rechazando que se tratara de un uso indebido de recursos estatales.

Sin embargo, las explicaciones oficiales no han logrado apagar completamente el debate público.

Las imágenes continúan circulando y han sido utilizadas por sectores opositores y por ciudadanos independientes para cuestionar el mensaje que transmiten quienes ejercen funciones públicas.

El costo político de los símbolos

Los gobiernos no solo son evaluados por sus políticas públicas. También son juzgados por los gestos.

Una fotografía, un video o una escena aparentemente insignificante pueden tener un impacto mayor que un discurso de una hora.

En un país donde el presidente Luis Abinader ha insistido en promover una imagen de cercanía y racionalidad en el gasto público, episodios como este pueden convertirse en municiones políticas para sus adversarios.

Más prudencia que privilegios

El servicio público exige sensibilidad.

Quizás el mayor aprendizaje que deja esta polémica es que quienes ocupan posiciones de poder deben comprender que la ciudadanía observa no solo sus decisiones administrativas, sino también los mensajes implícitos que transmiten sus acciones.

Porque en tiempos de incertidumbre económica y demandas sociales crecientes, la austeridad no debe ser solo un discurso. Debe reflejarse también en la forma en que los funcionarios se relacionan con la gente.

Y en política, a veces, el verdadero problema no es llegar en helicóptero.

Es aterrizar lejos de la realidad que vive el país.