¿Si el petróleo baja, por qué seguimos pagando el mismo precio por la gasolina?

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La pregunta que millones de dominicanos siguen esperando que alguien responda

Por Voces del Oeste

Mientras el precio internacional del petróleo registra una caída importante en los mercados, en República Dominicana persiste una pregunta que se repite en estaciones de combustible, colmados, rutas de transporte y hogares: ¿por qué el combustible no baja al mismo ritmo?

Es una inquietud legítima. Cada vez que el petróleo aumenta de precio, el impacto suele sentirse rápidamente en el costo de la gasolina, el gasoil y el GLP. Sin embargo, cuando ocurre el fenómeno contrario y el barril cae de forma significativa, el alivio para el consumidor parece tardar más de lo esperado.

La realidad es que el precio que paga el ciudadano en la bomba no depende únicamente de cuánto cuesta un barril de petróleo.

En República Dominicana existe una estructura compleja en la que intervienen impuestos, costos de importación, almacenamiento, transporte, márgenes de distribución, la tasa del dólar, inventarios adquiridos semanas antes y la política de subsidios que aplica el Estado para evitar aumentos bruscos.

En otras palabras, aunque hoy el petróleo sea más barato, el combustible que llega a las estaciones pudo haber sido comprado cuando el precio internacional era considerablemente mayor.

Además, cuando el petróleo sube, el Gobierno suele destinar miles de millones de pesos para evitar incrementos que afecten directamente a la población. Posteriormente, cuando los precios internacionales disminuyen, parte de ese margen puede utilizarse para reducir el impacto fiscal de esos subsidios, en lugar de reflejarse inmediatamente en una rebaja para los consumidores.

Desde el punto de vista técnico, la explicación tiene lógica.

Pero desde la perspectiva del ciudadano, la sensación es distinta.

Porque el bolsillo no entiende de fórmulas financieras.

Entiende que llenar el tanque cuesta prácticamente lo mismo, aunque las noticias internacionales hablen de un petróleo más barato.

Y ahí nace la desconfianza.

No porque necesariamente exista un manejo incorrecto de los precios, sino porque muchas veces falta una comunicación clara que permita comprender cómo se calcula el valor final de cada galón.

Los dominicanos tienen derecho a conocer cuánto corresponde al costo internacional del combustible, cuánto representan los impuestos, cuánto absorben los subsidios estatales y cuánto corresponde a la cadena de comercialización.

La transparencia también genera confianza.

El impacto de mantener combustibles caros va mucho más allá del vehículo.

Cada aumento repercute en el precio de los alimentos, del transporte público, de los servicios de entrega, de los materiales de construcción, de la producción agrícola y, en definitiva, del costo general de la vida.

En municipios como Santo Domingo Oeste, donde miles de personas dependen diariamente del transporte para llegar a sus trabajos, cualquier variación en el combustible termina afectando directamente el presupuesto familiar.

Los pequeños comerciantes ven disminuir sus ganancias.

Los choferes deben trabajar más horas para producir lo mismo.

Los motoconchistas gastan una mayor proporción de sus ingresos en llenar el tanque.

Y las familias deben reorganizar sus prioridades para hacer rendir un salario que cada vez alcanza menos.

Sin embargo, existe otro efecto del que se habla poco.

El impacto sobre la salud mental.

La incertidumbre económica produce ansiedad, estrés, alteraciones del sueño, irritabilidad y conflictos familiares. La preocupación constante por pagar combustible, alimentos, medicamentos, alquiler o educación termina deteriorando el bienestar emocional de miles de hogares.

La economía no solo afecta los bolsillos.

También afecta la tranquilidad.

Por eso, cuando el petróleo baja, la población espera que esa mejoría también se traduzca, tarde o temprano, en un alivio para su economía.

Si existen razones para mantener los precios, el Gobierno tiene la responsabilidad de explicarlas de manera sencilla, transparente y verificable.

Y si las condiciones internacionales continúan favoreciendo una reducción de costos, también resulta razonable evaluar rebajas graduales en combustibles de alto impacto social como el gasoil, la gasolina regular y el GLP.

La confianza ciudadana no se construye únicamente evitando aumentos.

También se fortalece cuando las reducciones llegan de forma justa y cuando las decisiones públicas se comunican con absoluta claridad.

El pueblo dominicano comprende que existen variables económicas complejas.

Lo que no comprende es el silencio.

Desde Voces del Oeste entendemos que el debate sobre los combustibles trasciende los mercados internacionales y las cifras financieras. Se trata de familias que hacen malabares para llegar a fin de mes, de trabajadores que recorren kilómetros cada día para ganarse el sustento y de pequeños empresarios que sostienen la economía local.

Cuando el petróleo baja y el combustible permanece igual, la pregunta ciudadana no puede quedarse sin respuesta.

Porque detrás de cada galón que se paga hay mucho más que un vehículo en movimiento.

Hay una familia intentando salir adelante.