Washington.– El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, retomó sus esfuerzos para mediar en la guerra entre Rusia y Ucrania, enviando durante el fin de semana a sus representantes Steve Witkoff y Jared Kushner a Moscú y Kiev. La misión logró restablecer el contacto diplomático después de varios meses de parálisis, pero no produjo un acuerdo para detener los combates ni consiguió acercar las posiciones enfrentadas.
Witkoff y Kushner se reunieron durante más de tres horas con el presidente ruso, Vladímir Putin, antes de trasladarse a la capital ucraniana para conversar con el presidente Volodímir Zelenski y otros funcionarios de su Gobierno.
Las partes calificaron las reuniones como constructivas y sustanciales, pero evitaron ofrecer detalles sobre las propuestas presentadas. Tampoco anunciaron un alto el fuego permanente, un calendario para nuevas negociaciones ni compromisos concretos sobre los asuntos que mantienen bloqueado el proceso.
El Kremlin describió la visita como un pequeño paso hacia la paz y dejó abierta la posibilidad de reanudar las conversaciones trilaterales entre Rusia, Ucrania y Estados Unidos. Sin embargo, señaló que todavía es demasiado pronto para establecer una fecha o determinar dónde se realizaría una nueva ronda de negociaciones.
Una pausa diplomática marcada por la guerra en Irán
Las gestiones para poner fin al conflicto ucraniano habían perdido impulso durante aproximadamente seis meses, mientras Washington concentraba buena parte de su atención en la operación militar contra Irán y en las crecientes tensiones de Oriente Medio.
La última ronda de diálogo entre Estados Unidos, Rusia y Ucrania se había desarrollado a principios de 2026, pero las diferencias sobre los territorios ocupados, las garantías de seguridad y el futuro militar de Ucrania impidieron alcanzar un acuerdo definitivo.
El viaje de Witkoff y Kushner representa el intento más reciente de Trump por recuperar el protagonismo diplomático y demostrar que su administración todavía puede desempeñar un papel decisivo en la búsqueda de una salida negociada.
Durante su visita, Rusia y Ucrania aceptaron limitar temporalmente determinados ataques contra Moscú y Kiev como una medida de seguridad para facilitar los desplazamientos de la delegación estadounidense. La pausa, sin embargo, no significó el cese general de las hostilidades.
Mientras se desarrollaban las conversaciones, continuaron las operaciones militares en diferentes zonas del frente y se registraron nuevos ataques en territorio ucraniano.
Moscú y Kiev mantienen posiciones difíciles de conciliar
El principal obstáculo continúa siendo el control territorial.
Rusia exige que Ucrania reconozca sus conquistas y retire sus tropas de zonas del este que Moscú considera parte de su territorio. El Gobierno de Putin insiste especialmente en consolidar su dominio sobre el Donbás y sostiene que cualquier acuerdo debe atender lo que denomina las causas originales del conflicto.
Ucrania rechaza estas condiciones porque entiende que aceptar la pérdida de sus territorios equivaldría a recompensar la invasión y dejaría al país vulnerable frente a una futura ofensiva rusa.
Zelenski ha reiterado que cualquier acuerdo debe respetar la soberanía ucraniana, contar con garantías internacionales de seguridad y ofrecer una protección creíble frente a nuevos ataques. También ha advertido que la Constitución de su país limita la posibilidad de entregar formalmente territorios sin consultar a la población.
A estas diferencias se suma el futuro de Ucrania dentro del sistema de seguridad europeo. Rusia se opone a su incorporación a la Organización del Tratado del Atlántico Norte, mientras Kiev reclama compromisos militares suficientemente sólidos para impedir que Moscú vuelva a atacar después de un eventual acuerdo.
También permanecen pendientes las sanciones internacionales contra Rusia, la situación de los prisioneros de guerra, el retorno de menores ucranianos trasladados a territorio ruso, la reconstrucción del país y los mecanismos para vigilar el cumplimiento de cualquier alto el fuego.
Optimismo sin resultados concretos
Los enviados estadounidenses expresaron satisfacción después de su encuentro con Zelenski y aseguraron que existen posibilidades de continuar avanzando.
El presidente ucraniano informó que las próximas conversaciones podrían incluir a Estados Unidos y a los principales aliados europeos de Kiev, especialmente Reino Unido, Francia y Alemania. Su Gobierno insiste en que Europa debe participar en cualquier decisión relacionada con la seguridad y el futuro territorial de Ucrania.
Pese al optimismo expresado públicamente, ninguna de las partes anunció concesiones. Las reuniones consiguieron reabrir los canales de comunicación, pero no modificaron las condiciones fundamentales que han impedido alcanzar la paz.
Putin sostiene que las fuerzas rusas están progresando en el campo de batalla y no parece dispuesto a abandonar sus principales exigencias. Zelenski, por su parte, enfrenta fuertes presiones internas y constitucionales para no ceder territorios ocupados.
Las conversaciones celebradas en Moscú fueron calificadas como útiles, aunque sin señales de un avance decisivo.
La guerra no se detuvo durante la diplomacia
La visita estadounidense coincidió con una reducción temporal de los ataques dirigidos específicamente contra las dos capitales, pero los enfrentamientos continuaron en otros lugares.
Las fuerzas rusas mantuvieron la presión sobre las posiciones ucranianas, mientras Kiev siguió utilizando drones y armas de largo alcance contra objetivos dentro del territorio controlado por Moscú.
También se reportaron víctimas en ataques realizados mientras los representantes estadounidenses permanecían en la región. Esta situación mostró la distancia entre los gestos diplomáticos y la realidad que continúa imponiéndose en el terreno.
Cada día sin un acuerdo aumenta el número de muertos, profundiza la destrucción de las ciudades ucranianas y eleva el costo económico de una guerra que comenzó con la invasión rusa a gran escala en febrero de 2022.
Trump busca recuperar protagonismo
Desde su regreso a la Casa Blanca, Donald Trump ha insistido en que posee la capacidad para conseguir una solución negociada. Sin embargo, sus distintos intentos han enfrentado la misma dificultad: ni Rusia ni Ucrania están dispuestas a aceptar las condiciones fundamentales exigidas por la otra parte.
La administración estadounidense intenta construir un paquete que incluya aspectos territoriales, garantías de seguridad y posibles incentivos económicos. Pero Washington todavía no ha revelado los detalles de ese planteamiento ni la manera en que pretende conseguir que Putin y Zelenski acepten compromisos políticamente costosos.
La participación de Jared Kushner, yerno del mandatario, junto con Steve Witkoff, demuestra la confianza personal que Trump deposita en ambos como negociadores. Los dos también han intervenido en otros procesos diplomáticos impulsados por la administración estadounidense.
Su desafío será transformar el acceso que han conseguido a los dos gobiernos en compromisos verificables.
Un pequeño paso, no una paz cercana
La nueva ofensiva diplomática consiguió algo importante: restablecer la comunicación directa de Estados Unidos con Moscú y Kiev.
No obstante, hablar nuevamente no significa que la paz esté cerca.
El Kremlin reconoce que podrían retomarse las negociaciones trilaterales, mientras Ucrania se muestra dispuesta a participar en nuevas conversaciones con Estados Unidos y sus aliados europeos. Pero las posiciones sobre el territorio, la seguridad y las condiciones de un alto el fuego continúan profundamente separadas.
Trump ha recuperado su papel de mediador, pero todavía no ha demostrado que pueda detener la guerra.
Por ahora, la diplomacia vuelve a moverse mientras los ejércitos continúan combatiendo. El verdadero resultado de la misión de Witkoff y Kushner dependerá de si las próximas reuniones producen concesiones reales o terminan convirtiéndose en otro intento incapaz de transformar las palabras en paz.




