Tu salud mental también merece cuidado

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Por Henry Montero.

Hay personas que cumplen con sus responsabilidades, responden mensajes, cuidan de su familia y siguen trabajando mientras atraviesan momentos difíciles que nadie conoce. Desde afuera, todo parece estar en orden. Por dentro, pueden sentir que apenas logran sostenerse.

Este 10 de octubre, Día Mundial de la Salud Mental, es una oportunidad para detenernos y preguntarnos cómo estamos realmente. También para pensar en el espacio que damos a las emociones de quienes nos rodean.

La salud mental forma parte de nuestra salud integral. Influye en cómo afrontamos las dificultades, nos relacionamos y participamos en la vida cotidiana. Cuidarla merece atención, respeto y acceso a servicios adecuados.

Sin embargo, todavía cuesta decir: “No me siento bien”. Existe el temor de parecer débil, preocupar a la familia o recibir una respuesta que minimice lo que estamos viviendo. A veces, ese temor encuentra razones en frases que se repiten con facilidad: “Eso se te pasa”, “Tienes que poner de tu parte” o “Hay personas que están peor”.

Comparar sufrimientos no ayuda a comprenderlos. Cada persona vive sus circunstancias desde una historia que los demás no siempre conocen. Antes de ofrecer una solución, podemos preguntar, escuchar y dar tiempo para que encuentre sus propias palabras.

Acompañar empieza por escuchar

Una conversación de apoyo puede comenzar con una pregunta sencilla: “¿Cómo te has sentido últimamente?”. Lo que sigue requiere atención: escuchar sin interrumpir, evitar juicios y respetar cuánto desea compartir la otra persona.

Decir “Gracias por contármelo” o “¿Cómo puedo acompañarte?” abre un espacio más respetuoso que exigir explicaciones o apresurar una respuesta. Tampoco necesitamos tener todas las soluciones para mostrar interés. Podemos estar presentes y ayudar a buscar orientación cuando sea necesario.

Esa disposición debe extenderse a la familia, la escuela y el trabajo. Conviene revisar qué ocurre cuando alguien expresa cansancio, pide una pausa o reconoce que necesita ayuda. La respuesta que recibe dice mucho sobre el lugar que ocupa la salud mental en ese entorno.

Cuidarse también implica buscar apoyo

Reconocer nuestras necesidades emocionales merece el mismo respeto que atender una molestia física. No hace falta esperar a sentirse desbordado para conversar con un profesional y recibir orientación.

También debemos evitar que toda la responsabilidad recaiga sobre la persona. La salud mental está relacionada con factores familiares, sociales y económicos. La violencia, la pobreza y la desigualdad pueden aumentar la vulnerabilidad; por eso, el cuidado exige tanto apoyo individual como mejores condiciones de vida.

Hablar de bienestar mientras se ignoran las barreras para recibir atención deja una parte esencial del problema sin resolver. Necesitamos servicios accesibles, trato digno y entornos donde buscar ayuda no sea motivo de vergüenza o discriminación. Persisten dificultades importantes en el acceso a la atención y estigmatización hacia quienes viven con problemas de salud mental.

La conmemoración de hoy puede convertirse en un compromiso cotidiano: prestar más atención, cuidar nuestras palabras y tomar en serio a quien expresa sufrimiento.

Tu salud mental merece cuidado, incluso cuando sigues cumpliendo con todo. Mereces ser escuchado antes de llegar al límite. Y cuando necesites apoyo, tienes derecho a pedirlo con la certeza de que lo que sientes importa.