Cada 9 de septiembre se reconoce el trabajo de quienes convierten el campo en alimentos, empleos y esperanza para millones de personas
Cada 9 de septiembre se conmemora el Día Mundial de la Agricultura, una fecha dedicada a reconocer una de las actividades más antiguas, esenciales y decisivas para la supervivencia de la humanidad. Detrás de cada alimento que llega a la mesa existe una cadena de esfuerzo que comienza en la tierra y que depende del trabajo constante de productores, técnicos, transportistas y comunidades rurales.
En la República Dominicana, la agricultura constituye mucho más que una actividad económica. Es una fuente de alimentación, empleo, identidad cultural y estabilidad social. El arroz, el plátano, la yuca, el cacao, el café, el aguacate, los vegetales, las frutas y otros productos cultivados en diferentes regiones forman parte de la vida cotidiana de los hogares y sostienen a miles de familias.
Los pequeños y medianos agricultores representan una parte fundamental de esa estructura productiva. Muchos trabajan expuestos a sequías, inundaciones, huracanes, plagas, enfermedades, variaciones de precios y dificultades para acceder al financiamiento. A pesar de esas condiciones, continúan sembrando y produciendo para abastecer los mercados nacionales.
El campo dominicano también enfrenta problemas que no pueden ser ignorados. La escasez y distribución desigual del agua, el aumento de los costos de los insumos, el deterioro de los caminos vecinales, las pérdidas posteriores a la cosecha y la falta de seguros accesibles reducen la rentabilidad de la producción y colocan en riesgo la permanencia de numerosas familias en las zonas rurales.
A estas dificultades se suma el cambio climático. Las temporadas de lluvia son cada vez menos predecibles, mientras las temperaturas elevadas y los fenómenos atmosféricos extremos pueden destruir en pocas horas el trabajo realizado durante meses. La agricultura del presente necesita sistemas de riego eficientes, semillas resistentes, información meteorológica oportuna y acompañamiento técnico permanente.
Producir alimentos también es proteger la soberanía
La agricultura nacional cumple una función estratégica: disminuir la dependencia de las importaciones y proteger la capacidad del país para alimentar a su población. Cuando una nación abandona su producción local, queda más expuesta a las crisis internacionales, al encarecimiento de los alimentos y a las interrupciones de las cadenas de suministro.
Defender el campo no significa rechazar el comercio internacional. Significa mantener una producción nacional suficientemente fuerte para garantizar alimentos esenciales, proteger a los productores y competir en condiciones más justas. La seguridad alimentaria comienza cuando el agricultor recibe apoyo para sembrar, pero se consolida cuando puede vender su cosecha a un precio digno.
La agricultura también ofrece oportunidades para aumentar las exportaciones dominicanas. Productos como el cacao, el banano, el tabaco, el aguacate y diversas frutas tropicales han demostrado que el campo puede generar empleos, atraer inversiones y llevar la calidad de la producción nacional a mercados internacionales.
El papel de la mujer en el campo
La conmemoración de este año adquiere una importancia especial porque 2026 fue declarado Año Internacional de la Agricultora. La iniciativa procura visibilizar la participación de las mujeres en los sistemas agroalimentarios y las dificultades que todavía enfrentan para acceder a tierras, financiamiento, tecnología, capacitación y espacios de decisión.
En numerosas comunidades dominicanas, las mujeres participan en la siembra, la cosecha, el procesamiento, la comercialización y la administración de pequeñas unidades productivas. Sin embargo, una parte considerable de su trabajo permanece poco reconocida. Fortalecer su participación representa una inversión directa en la seguridad alimentaria y el desarrollo rural.
Modernizar sin abandonar al productor
El futuro de la agricultura dependerá de la capacidad del país para combinar la experiencia acumulada por generaciones con las nuevas tecnologías. La mecanización, los sistemas de riego inteligente, los drones, los sensores, la agricultura protegida y el análisis de datos pueden elevar la productividad, reducir pérdidas y utilizar de manera más responsable el agua y los suelos.
Pero la modernización no puede limitarse a las grandes empresas. Debe llegar también al pequeño agricultor mediante financiamiento asequible, asistencia técnica, capacitación, infraestructura y acceso a mercados. De lo contrario, la innovación podría ampliar las desigualdades existentes en lugar de contribuir a superarlas.
Celebrar el Día Mundial de la Agricultura no debe quedarse en mensajes y felicitaciones. La mejor manera de reconocer a quienes trabajan la tierra es garantizarles condiciones dignas, precios justos, protección frente a las pérdidas y oportunidades reales para crecer.
Sin agricultores no existen mercados abastecidos, industrias alimentarias ni seguridad para las familias. Cada cosecha representa meses de sacrificio y una promesa silenciosa de continuidad. Cuidar la agricultura es cuidar la tierra, la economía y el futuro de la República Dominicana.




