Cada 23 de septiembre se conmemora el Día Internacional de las Lenguas de Señas, una fecha que invita a mirar la inclusión desde una pregunta concreta: ¿puede una persona sorda estudiar, informarse o recibir atención sin encontrar barreras de comunicación?
Las lenguas de señas permiten expresar ideas, emociones y conocimientos. También forman parte de la identidad y la cultura de las comunidades sordas. Por eso, reconocerlas implica mucho más que celebrar una forma distinta de comunicarse: implica garantizar que quienes las usan puedan ejercer sus derechos en igualdad de condiciones.
La Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó esta fecha en 2017 y comenzó a conmemorarse en 2018. Su propósito es crear conciencia sobre la importancia de las lenguas de señas para el pleno ejercicio de los derechos humanos de las personas sordas.
En República Dominicana, la Ley 43-23 reconoció la lengua de señas como mecanismo oficial de comunicación de las personas sordas. Ese reconocimiento representa un avance, pero su valor se mide también en la vida diaria: en una escuela donde un estudiante pueda aprender, en un hospital donde un paciente pueda explicar lo que siente y en una institución pública donde cualquier ciudadano pueda realizar un trámite y comprender la respuesta.
El país cuenta además con un Diccionario Oficial de la Lengua de Señas Dominicana, una herramienta para promover su aprendizaje y uso. Aun así, ampliar el acceso a intérpretes, materiales educativos y servicios accesibles requiere un esfuerzo sostenido de las instituciones y de la sociedad.
Este 23 de septiembre, el llamado es sencillo: escuchar a la comunidad sorda, aprender de ella y eliminar las barreras que todavía la excluyen. El respeto se convierte en inclusión cuando cada persona puede comunicarse y ser comprendida.




