Este 27 de agosto se celebra el Día Mundial de los Lagos, una fecha que recuerda el valor de estos ecosistemas para el agua, la biodiversidad, la alimentación y la estabilidad climática.
Santo Domingo.– El mundo celebra este 27 de agosto el Día Mundial de los Lagos, una conmemoración establecida por la Asamblea General de las Naciones Unidas para promover la protección y el manejo sostenible de ecosistemas indispensables para la vida humana y el equilibrio ambiental.
Los lagos almacenan cerca del 90 % del agua dulce superficial en estado líquido del planeta. Sostienen el consumo humano, la agricultura, la pesca, la producción energética y numerosas actividades económicas de las comunidades que se desarrollan alrededor de ellos.
También funcionan como refugios para peces, aves, reptiles y plantas; almacenan carbono, absorben parte del agua producida por las inundaciones y contribuyen a regular las temperaturas.
Sin embargo, estas grandes reservas naturales enfrentan una combinación cada vez más peligrosa de contaminación, extracción excesiva de agua, sedimentación, pesca indiscriminada, eliminación de manglares y efectos del cambio climático.
Los grandes tesoros lacustres dominicanos
En la República Dominicana, el lago Enriquillo constituye uno de los ecosistemas más extraordinarios y frágiles del Caribe.
Además de su importancia geográfica y ambiental, alberga especies como el cocodrilo americano, iguanas y numerosas aves. Las alteraciones en sus niveles de agua y salinidad han modificado áreas de anidamiento y otros espacios esenciales para la reproducción y supervivencia de su fauna.
Desde 2007, el aumento de sus aguas provocó la inundación de terrenos agrícolas, comunidades y fuentes de agua dulce, reduciendo también zonas utilizadas por los reptiles para depositar sus huevos.
La laguna Rincón o de Cabral, uno de los principales cuerpos de agua dulce del país, también posee una enorme importancia para la pesca, las aves migratorias y el sustento de familias de la región Sur.
Este ecosistema ha enfrentado períodos críticos de reducción de sus aguas, alteraciones climáticas y denuncias de pesca indiscriminada. Su deterioro no representa únicamente una pérdida ambiental: amenaza la seguridad alimentaria y los ingresos de comunidades que dependen directamente de sus recursos.
La contaminación termina regresando a nosotros
Cuando un lago recibe aguas residuales, fertilizantes, plásticos, combustibles o desechos sólidos, la contaminación no permanece aislada.
Esas sustancias afectan a los peces, destruyen hábitats, favorecen la proliferación de algas y pueden terminar incorporándose a la cadena alimentaria.
La desaparición o degradación de un lago también puede intensificar las sequías, reducir la disponibilidad de agua, aumentar la temperatura de una región y eliminar importantes barreras naturales frente a inundaciones.
Celebrar exige actuar
El Día Mundial de los Lagos no debe limitarse a publicar fotografías de paisajes hermosos. Debe convertirse en una oportunidad para exigir saneamiento, vigilancia ambiental, manejo responsable de los residuos y protección efectiva de las zonas circundantes.
También resulta indispensable fortalecer la educación ambiental, regular las actividades productivas y garantizar que las comunidades participen en la conservación de los recursos de los cuales depende su propia supervivencia.
Cuidar un lago es proteger mucho más que una extensión de agua. Es defender la biodiversidad, el alimento, el trabajo y el futuro de generaciones que todavía no han nacido.
Los lagos parecen silenciosos, pero su deterioro envía una advertencia contundente: cuando el agua enferma, también enferma la vida que depende de ella.




