El economista realizó estas declaraciones durante una entrevista concedida a Henry Montero en el podcast “Acércate y Pregunta”, donde analizó el verdadero origen y el impacto de las remesas en la economía dominicana
SANTO DOMINGO.– El economista Ysrael Abreu afirmó que el crecimiento de las remesas no puede presentarse como un logro de ningún Gobierno, debido a que estos recursos no son generados por las autoridades, sino por el trabajo y el sacrificio de los dominicanos residentes en el extranjero.
Abreu ofreció estas declaraciones durante una entrevista realizada por Henry Montero en el podcast “Acércate y Pregunta”, espacio en el que abordó la importancia económica y humana de los recursos enviados por la diáspora dominicana.
Para el economista, las remesas representan una manifestación del amor que conserva la diáspora por su país y por las familias que dejó en territorio dominicano. Detrás de cada transferencia existen largas jornadas laborales, separación, nostalgia y personas que muchas veces deben reducir sus propios gastos para enviar dinero a sus padres, hijos, parejas o hermanos.
Su planteamiento cuestiona la manera en que las autoridades suelen anunciar el crecimiento de estos recursos como una señal directa del éxito de su gestión económica. Aunque el Gobierno puede contribuir a mantener la estabilidad cambiaria, facilitar la bancarización y promover canales seguros para las transferencias, no es quien produce el dinero enviado desde el exterior.
Entre enero y junio de 2026, la República Dominicana recibió aproximadamente US$6,219.3 millones en remesas, superando en unos US$392.6 millones lo registrado durante el mismo período de 2025. La cifra confirma el enorme peso que mantiene la diáspora dentro de la economía nacional.
Estos recursos permiten que miles de familias paguen alimentos, alquileres, medicamentos, estudios, servicios básicos y deudas. Además, fortalecen el consumo interno, aportan divisas y contribuyen a la estabilidad del mercado cambiario.
Sin embargo, el aumento de las remesas no debe interpretarse solamente como una buena noticia. También puede reflejar la dependencia de numerosos hogares que no logran cubrir sus necesidades con los salarios y las oportunidades disponibles dentro del país.
Cuando una madre necesita el dinero enviado por su hijo desde Nueva York para comprar medicamentos, cuando unos niños dependen del aporte de su padre desde España para pagar el colegio o cuando una familia utiliza las remesas para completar la compra de alimentos, la transferencia no representa una política gubernamental exitosa. Representa una necesidad que está siendo cubierta desde el extranjero.
Los dólares no aparecen por una decisión administrativa ni por un discurso oficial. Proceden del trabajo de dominicanos que limpian oficinas, conducen vehículos, atienden pacientes, laboran en fábricas, construyen edificios, administran negocios y desempeñan múltiples oficios lejos de su tierra.
La diáspora no solamente envía dinero. También sostiene viviendas, financia pequeños emprendimientos, paga tratamientos médicos y ayuda a enfrentar emergencias familiares. Su aporte funciona, en muchos casos, como una red de protección social financiada directamente por ciudadanos que viven fuera del país.
El Gobierno puede y debe crear mejores condiciones para que esos recursos sean utilizados de manera productiva, reducir los costos de envío, proteger a los receptores y facilitar las inversiones de los dominicanos residentes en el exterior. Pero acompañar o canalizar las remesas no convierte al Estado en su autor.
El verdadero logro gubernamental sería construir una economía en la que las familias no dependan obligatoriamente de que uno de sus integrantes abandone el país para poder sobrevivir. Sería generar empleos con salarios dignos, controlar el costo de la vida y garantizar servicios públicos eficientes.
Durante su conversación con Henry Montero en el podcast “Acércate y Pregunta”, Ysrael Abreu dejó una reflexión que trasciende las estadísticas económicas: cada dólar enviado representa horas de trabajo, distancia, renuncias y amor familiar.
Por eso, el mérito principal de las remesas no corresponde al Gobierno. Pertenece a la diáspora dominicana, que continúa sosteniendo desde lejos una parte esencial de la vida económica y familiar de la nación.




