La experiencia anterior demostró que instalar una plataforma y capacitar profesionales no es suficiente. El verdadero reto consiste en conectar los servicios y en lograr que la información acompañe al paciente.
Henry A. Montero
Para Voces del Oeste
La República Dominicana dio hace varios años un paso importante hacia la digitalización de la salud. Se instalaron plataformas en numerosos centros sanitarios, se registraron más de un millón de expedientes y miles de médicos recibieron capacitación.
Sin embargo, aquel esfuerzo no logró convertirse en el sistema nacional, interoperable y de uso cotidiano que necesitaban los pacientes.
La experiencia dejó una lección fundamental: digitalizar expedientes no es lo mismo que construir un Expediente Electrónico Único de Salud.
Un expediente médico es un registro legal, privado y confidencial que contiene información sobre la salud, las enfermedades, los diagnósticos y los tratamientos de una persona. Cuando este expediente sea verdaderamente único e interoperable, la información podrá acompañar al paciente durante todo su recorrido por el sistema sanitario.
Esto significa que los datos importantes deberían estar disponibles bajo estrictas medidas de seguridad y para el personal debidamente autorizado, sin importar si el ciudadano recibe atención en una Unidad de Atención Primaria, un hospital público, una clínica privada, un laboratorio o un centro de diagnóstico.
Una plataforma no es un expediente único
En 2018, el Ministerio de Salud Pública creó el Expediente Integral de Salud. El proyecto comenzó como una prueba piloto y posteriormente se extendió a decenas de hospitales y establecimientos del primer nivel de atención.
Para mayo de 2019, las cifras divulgadas indicaban que se habían registrado 1,649,523 expedientes. La plataforma había sido incorporada en 131 hospitales, 220 establecimientos del primer nivel de atención y 63 centros del Consejo Nacional de la Persona Envejeciente.
Los números demostraban que la plataforma existía y había alcanzado una presencia significativa. Sin embargo, también revelaban una de sus mayores debilidades.
Más de 8,500 médicos habían recibido capacitación para utilizar el sistema, pero solamente 1,274 aparecían como usuarios regulares. Es decir, menos del 15 % de los profesionales capacitados lo utilizaban habitualmente.
El proyecto no fue inexistente ni completamente inútil. Permitió registrar información clínica en determinados establecimientos, pero no logró convertirse en un expediente único, interoperable y de alcance nacional.
El error de pensar primero en una sola plataforma
El modelo anterior partió de la idea de que numerosos establecimientos podían utilizar la misma herramienta y que, al hacerlo, la información quedaría unificada.
Sin embargo, el sistema de salud dominicano es diverso y complejo.
Los hospitales, clínicas, laboratorios y centros diagnósticos tienen necesidades y niveles de desarrollo tecnológico distintos. Muchos ya cuentan con sus propios sistemas para gestionar emergencias, pruebas de laboratorio, imágenes diagnósticas, medicamentos, facturación y consultas. Esto lo entendió el ministro de salud pública, Dr. Víctor Attalh, a través del viceministerio de fortalecimiento, Yudelka Batista, permitiendo que cada parte médica tenga su expediente único, pero que conecte de forma interoperable.
Sin esa capacidad, el país puede acumular millones de expedientes digitalizados y seguir sin contar con un verdadero expediente único.
Capacitar no siempre significa transformar
La segunda gran lección está relacionada con las personas.
Enseñarle a un médico dónde hacer clic o cómo completar un formulario no garantiza que comprenda el valor de la herramienta, la incorpore a su rutina ni la utilice adecuadamente.
La transformación digital requiere una gestión del cambio efectiva. Médicos, enfermeras, bioanalistas, farmacéuticos y trabajadores administrativos deben comprender cómo el expediente electrónico puede mejorar la atención, reducir errores y proteger al paciente.
También necesitan ser escuchados.
Si una plataforma duplica el trabajo, aumenta de forma excesiva el tiempo de consulta o exige registrar nuevamente información que ya se encuentra en otro sistema, la resistencia será comprensible.
La tecnología debe adaptarse a los procesos clínicos y facilitar el trabajo del personal sanitario. No puede convertirse en otra carga administrativa.
Por eso, además de la capacitación técnica, se necesita acompañamiento continuo, soporte, sensibilización y espacios para recoger las experiencias de quienes utilizan el sistema a diario.
El paciente sigue pagando el precio de la fragmentación
Cuando los sistemas no se comunican entre sí, el paciente tiene que empezar desde cero cada vez que visita un establecimiento diferente.
Debe repetir su historia clínica, recordar los nombres y las dosis de sus medicamentos, buscar resultados impresos y, en algunos casos, repetir pruebas ya practicadas.
Esta fragmentación provoca retrasos, duplicación de estudios, mayores costos y riesgos para la seguridad del paciente. También afecta con mayor intensidad a las embarazadas, los niños, los adultos mayores y las personas con enfermedades crónicas, quienes suelen requerir atención en distintos niveles del sistema.
Una red de salud no está verdaderamente integrada si la información se pierde cada vez que el ciudadano cambia de establecimiento.
Las Redes Integradas de Servicios de Salud organizan el recorrido asistencial. Un paciente puede comenzar su atención en una UNAP, ser referido a un centro diagnóstico, trasladarse a un hospital y, posteriormente, regresar al primer nivel.
El expediente electrónico debe permitir que la información lo acompañe durante todo ese recorrido.
La gran lección
La experiencia anterior demostró que la transformación digital de la salud no ocurre simplemente al comprar computadoras, instalar un programa o contabilizar millones de registros.
Para construir un verdadero expediente único se necesitan sistemas que puedan comunicarse, reglas comunes para organizar la información, mecanismos estrictos de privacidad y profesionales capaces de utilizar la tecnología como parte natural de la atención.
El expediente no debe verse como una exigencia informática impuesta desde una oficina. Debe entenderse como una herramienta para proteger al paciente y tomar mejores decisiones clínicas.
La República Dominicana ya conoce las limitaciones de intentar digitalizar sin integrar. Ahora tiene la oportunidad de aprender de esa experiencia y avanzar hacia un sistema en el que el ciudadano no tenga que reconstruir su historia médica en cada puerta.
En la segunda entrega: cómo la nueva estrategia del Expediente Electrónico Único de Salud busca conectar los sistemas existentes y lograr que la información acompañe verdaderamente al paciente.




