La nueva ruta hacia el expediente único. La estrategia impulsada por el ministro Víctor Atallah y explicada por la viceministra Yudelka Batista apuesta por conectar los sistemas, fortalecer las Redes Integradas de Servicios de Salud y colocar al ciudadano en el centro de la transformación digital.
Henry A. Montero
Para Voces del Oeste
Una embarazada llega a un hospital con una complicación. Está preocupada, siente dolor y debe explicar de memoria sus antecedentes, los medicamentos que utiliza y los resultados de sus controles prenatales. Mientras tanto, el personal que la recibe no tiene acceso inmediato a la información registrada en la Unidad de Atención Primaria en la que comenzó su seguimiento.
Esta situación refleja uno de los principales problemas de un sistema de salud fragmentado: cuando el paciente cambia de establecimiento, su información no siempre le acompaña.
La nueva estrategia del Expediente Electrónico Único de Salud busca cambiar esa realidad.
La visión impulsada por el ministro de Salud Pública, Víctor Atallah, y explicada por la viceministra de Fortalecimiento y Desarrollo del Sector Salud, Yudelka Batista, propone conectar las plataformas existentes en lugar de obligar a todos los establecimientos a utilizar una única aplicación.
Esta diferencia es fundamental.
Un hospital público, una clínica privada, un laboratorio o un centro diagnóstico podría conservar sus sistemas, siempre que cumplan los requisitos necesarios para intercambiar información de manera segura.
La unidad no dependerá de que todos utilicen el mismo programa, sino de que las diferentes plataformas puedan comunicarse entre sí.
Una embarazada que no tenga que comenzar desde cero
Imaginemos a una mujer que inicia su control prenatal en la UNAP de su comunidad.
Durante sus consultas se registran sus antecedentes, grupo sanguíneo, medicamentos, resultados de laboratorio, sonografías y posibles factores de riesgo. Si se presenta una complicación que deba ser referida a un hospital, el equipo autorizado podría consultar esa información de inmediato.
La mujer no tendría que depender exclusivamente de documentos impresos ni tratar de recordar cada detalle en una emergencia. Tampoco sería necesario repetir pruebas solo porque los resultados anteriores no están disponibles.
Si luego debe ser trasladada a un hospital de mayor complejidad, la información podría acompañarla nuevamente. Después del parto, la UNAP recibiría la contrarreferencia y conocería el seguimiento que requieren la madre y el recién nacido.
Ese es el verdadero valor de un expediente interoperable. No se trata simplemente de eliminar papeles, sino de reducir retrasos, evitar repeticiones y proteger vidas.
El ejemplo de las vacunas
La vacunación infantil ofrece otro ejemplo cotidiano.
Una madre puede llevar a su hijo a vacunarse en un centro de atención primaria y, meses después, mudarse a otra provincia. Si toda la información depende de una tarjeta física, esta puede deteriorarse, extraviarse o no estar disponible durante la consulta.
Con un expediente electrónico interoperable, el personal autorizado podría consultar las dosis administradas y determinar qué vacunas están pendientes.
Esto ayudaría a evitar duplicaciones innecesarias y permitiría completar oportunamente el esquema de inmunización. La madre no tendría que reconstruir las fechas de memoria y el personal sanitario podría orientarla con mayor precisión.
Los datos integrados también permitirían identificar comunidades con coberturas incompletas y dirigir las jornadas de vacunación hacia los lugares con mayores necesidades.
Conectar en lugar de imponer
El Plan Estratégico del Expediente Electrónico Único de Salud 2026-2028 contempla varios componentes esenciales para alcanzar esa integración.
Entre ellos se encuentra la creación de un índice maestro que permita identificar correctamente a cada paciente y reducir la duplicidad de registros.
También se contempla el uso de estándares internacionales, como HL7 FHIR, para que diferentes plataformas puedan intercambiar información de manera organizada.
El plan incluye terminología común para diagnósticos, vacunas, medicamentos, procedimientos y resultados, así como un resumen clínico con los datos fundamentales para garantizar la continuidad de la atención.
A esto se agregan las reglas de privacidad, autorización, seguridad y trazabilidad. Estas normas deberán establecer quién puede consultar la información, con qué propósito y cuáles serán las consecuencias de un acceso indebido.
La interoperabilidad no significa que cualquier persona pueda ver todos los datos de un paciente. Por el contrario, requiere controles estrictos para proteger la confidencialidad y registrar cada acceso.
Probar antes de expandir
La secuencia de implementación también marca una diferencia respecto de la experiencia anterior.
El Ministerio de Salud Pública trabaja inicialmente en una prueba de concepto para validar los componentes técnicos. Posteriormente se contempla la realización del primer Conectatón Nacional de Salud.
Este ejercicio controlado permitirá que instituciones y proveedores tecnológicos comprueben si sus sistemas pueden intercambiar información conforme a las reglas establecidas.
El Conectatón aún no representa la implementación nacional del expediente. Es una demostración previa para identificar incompatibilidades, corregir errores y determinar cuáles plataformas están preparadas para conectarse.
Después, se contempla un despliegue territorial controlado en el Cibao Sur, con la participación de 15 hospitales, 3 direcciones provinciales de Salud y 15 establecimientos del primer nivel.
A partir de los resultados, la implementación deberá extenderse progresivamente a más de 570 centros de atención primaria.
La lógica es clara: antes de anunciar una expansión nacional, se debe comprobar que los sistemas pueden intercambiar información, que los profesionales utilizan las herramientas y que el modelo produce beneficios reales para los pacientes.
Las personas siguen siendo indispensables
La transformación digital de la salud requiere tecnología, estándares, gobernanza y participación humana.
No basta con desarrollar la arquitectura informática. Médicos, enfermeras, bioanalistas, farmacéuticos y trabajadores administrativos deben comprender cómo el nuevo sistema mejorará la atención.
También será necesario escuchar sus preocupaciones, adaptar las herramientas a los procesos clínicos y ofrecer capacitación, acompañamiento y soporte permanente.
La tecnología debe ayudar al profesional sanitario a dedicar más tiempo al paciente. No debe obligarlo a trabajar simultáneamente en sistemas duplicados ni aumentar innecesariamente la carga administrativa.
Sin adopción humana, hasta la plataforma más avanzada puede terminar instalada, pero poco utilizada.
Una transformación que debe sentirse
El éxito del expediente electrónico no deberá medirse únicamente por la cantidad de hospitales conectados o el número de registros almacenados.
Deberá sentirse en la vida cotidiana.
Será exitoso cuando una embarazada llegue al hospital y su información clínica esté disponible para el equipo autorizado; cuando una madre pueda consultar el historial de vacunación de su hijo, aunque se haya trasladado a otra provincia; cuando un médico pueda conocer los medicamentos que utiliza un paciente; y cuando una UNAP reciba información sobre lo ocurrido con la persona que refirió a otro nivel.
La transformación digital no comienza cuando se compra una computadora ni termina cuando se presenta una plataforma.
Se convierte en realidad cuando la tecnología, los estándares, los profesionales y las redes de servicios funcionan como partes de un mismo sistema.
El expediente será verdaderamente único cuando cada ciudadano pueda recorrer la red de salud sin tener que comenzar desde cero y sin que su información se pierda en cada puerta.




