Monseñor Manuel Antonio Ruiz advierte sobre el impacto de la difusión morbosa de suicidios y violencia doméstica

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Por Henry Montero

Voces del Oeste

Santo Domingo. – El obispo de la recién creada diócesis Estela Maris, monseñor Manuel Antonio Ruiz de la Rosa, advirtió sobre las consecuencias que puede generar la difusión reiterada, sensacionalista y morbosa de noticias relacionadas con suicidios, feminicidios y otros hechos de violencia doméstica.

Durante una entrevista televisiva, el religioso señaló que cada vez que ocurre un caso violento, los medios de comunicación y las redes sociales difunden ampliamente los detalles, las imágenes y las circunstancias del hecho, lo que podría proporcionar ideas o modelos de conducta a personas emocionalmente vulnerables.

Monseñor Ruiz aclaró que no pretende responsabilizar directamente a los medios de comunicación, sino promover una reflexión sobre la manera en que se presentan estas informaciones.

“Tenemos que sentarnos a hacer un mejor trabajo para que el morbo no venza la racionalidad”, expresó el obispo, quien cuestionó la exhibición de sangre, cadáveres, escenas dolorosas y testimonios de familiares en momentos de profunda vulnerabilidad emocional.

Una Pandemia de Salud Mental

El religioso también manifestó su preocupación por lo que definió como una “pandemia de salud mental” que afecta a numerosas familias y comunidades dominicanas.

Afirmó que muchos hechos de violencia no se deben exclusivamente a la delincuencia común, sino que ocurren en los hogares, entre parejas, familiares y vecinos que no cuentan con las herramientas emocionales necesarias para controlar la ira, resolver conflictos o buscar ayuda profesional.

Ruiz destacó que la violencia no puede combatirse únicamente con policías, militares, marchas o sanciones. A su juicio, se necesita formación, mediación comunitaria, atención psicológica, intervención psiquiátrica y programas permanentes de prevención.

Entre sus propuestas se encuentra convertir las parroquias de la diócesis Estela Maris en centros comunitarios de mediación, donde sacerdotes, psicólogos, psiquiatras, estudiantes y voluntarios capacitados puedan orientar a las familias que atraviesan conflictos.

Informar sin convertir la tragedia en espectáculo

La observación de monseñor Ruiz abre un debate necesario sobre la responsabilidad social de los medios de comunicación, de los creadores de contenido y de las personas que comparten videos en redes sociales.

La sociedad tiene derecho a estar informada, pero informar no significa reproducir cada detalle de un suicidio, mostrar el cuerpo de una víctima, difundir audios de amenazas o convertir al agresor en el protagonista de la noticia.

En los casos de suicidio, la repetición excesiva, la descripción de los métodos utilizados o la romanización de la persona fallecida pueden afectar a quienes atraviesan una crisis emocional.

En los casos de violencia doméstica y feminicidios, el tratamiento sensacionalista puede normalizar la agresión, revictimizar a los familiares, justificar los celos como una expresión de amor y presentar el crimen como un desenlace inevitable de los conflictos de pareja.

También resulta preocupante que numerosas personas, en lugar de auxiliar a una víctima durante una emergencia, utilicen sus teléfonos para grabar imágenes con el objetivo de obtener visitas, seguidores o popularidad en las plataformas digitales.

La noticia también debe prevenir

Los medios de comunicación desempeñan una función esencial en una democracia. Informan, investigan, fiscalizan el poder y visibilizan los problemas sociales. Sin embargo, esa función debe ejercerse respetando la dignidad humana y evitando que el dolor de una familia se utilice como entretenimiento.

Una cobertura responsable debe proteger la identidad de las víctimas, evitar imágenes explícitas, eliminar detalles innecesarios sobre los métodos utilizados, consultar a profesionales de la salud mental e incluir información sobre los recursos de ayuda disponibles.

Además de reportar el acontecimiento, las noticias deben explicar las señales de alerta, los factores de riesgo y las alternativas para manejar una crisis emocional, una amenaza suicida o una situación de violencia de pareja.

La advertencia de monseñor Manuel Antonio Ruiz no debe interpretarse como una solicitud de censura. Se trata de un llamado a establecer protocolos periodísticos y digitales que permitan informar sin causar daños adicionales.

En una sociedad marcada por la rapidez de las redes sociales, la búsqueda de interacciones y la economía de la atención, la responsabilidad no recae únicamente sobre los periodistas. También corresponde a cada ciudadano decidir qué contenido graba, comparte y convierte en viral.

Monseñor Manuel Antonio Ruiz tiene razón al señalar que no solo importa informar, sino también cómo se informa. En la entrevista advierte que la repetición constante, el morbo, las imágenes explícitas y la descripción detallada de los hechos pueden proporcionar ideas o modelos de conducta a personas emocionalmente vulnerables.

En el caso del suicidio, este fenómeno está ampliamente documentado y se conoce como efecto de contagio o efecto Werther. La Organización Mundial de la Salud advierte que la cobertura extensa, sensacionalista o repetitiva puede asociarse con nuevos casos, mientras que la información centrada en la recuperación, la búsqueda de ayuda y la esperanza puede tener un efecto protector.

En cuanto a la violencia doméstica y los feminicidios, conviene ser más cuidadosos: no puede afirmarse que una noticia, por sí sola, cause otro crimen. Sin embargo, una cobertura morbosa puede normalizar la violencia, convertir al agresor en protagonista, revictimizar a la familia y presentar el crimen como un posible guion de actuación.

La noticia no puede limitarse a repetir la tragedia. Debe contribuir a educar, prevenir, orientar y salvar vidas.