Santo Domingo.– La Cámara de Diputados aprobó en segunda discusión el proyecto de ley que establece la inclusión obligatoria de la asignatura Educación Moral y Cívica en el sistema educativo preuniversitario de la República Dominicana.
La iniciativa abarcaría tanto los centros educativos públicos como los colegios privados y busca fortalecer la formación ética, ciudadana y social de los estudiantes desde las primeras etapas de su educación.
El proyecto surgió de la fusión de dos propuestas legislativas presentadas por los diputados Jorge Manuel Zorrilla González y Liz Adriana Mieses Díaz, las cuales fueron estudiadas por la Comisión Permanente de Educación de la Cámara Baja.
Tras superar las dos discusiones correspondientes en la Cámara de Diputados, la pieza será remitida al Senado de la República para su conocimiento. Esto significa que la asignatura todavía no ha sido establecida mediante una nueva ley definitiva. Para completar el proceso deberá recibir la aprobación senatorial y posteriormente ser promulgada por el Poder Ejecutivo.
¿Qué aprenderían los estudiantes?
La propuesta contempla que los contenidos de Moral y Cívica incluyan principios fundamentales de ética y ciudadanía, respeto a los derechos humanos, cumplimiento de los deberes cívicos, igualdad, equidad, tolerancia, responsabilidad social y respeto a la diversidad.
También se espera que la materia contribuya a que los estudiantes comprendan el funcionamiento del Estado, el valor de la Constitución, la importancia de respetar las leyes, el significado de los símbolos patrios y la responsabilidad que tiene cada ciudadano en la construcción de una sociedad democrática.
La asignatura no debería limitarse a memorizar fechas, definiciones o artículos constitucionales. Su verdadero propósito tendría que ser enseñar a convivir, respetar las diferencias, solucionar los conflictos sin violencia, cuidar los espacios públicos y reconocer que toda persona posee derechos, pero también obligaciones frente a los demás.
Una respuesta ante la crisis de valores
El avance del proyecto ocurre en momentos en que la sociedad dominicana enfrenta una creciente preocupación por la violencia escolar, el acoso, la intolerancia, la falta de respeto hacia las autoridades y el debilitamiento de normas básicas de convivencia.
Desde distintos sectores se ha reclamado durante años el regreso formal de Moral y Cívica a las aulas. Sus defensores entienden que la escuela debe formar no solamente estudiantes con conocimientos académicos, sino también ciudadanos capaces de actuar con responsabilidad, honestidad y respeto.
Sin embargo, la aprobación de una asignatura no resolverá por sí sola los problemas sociales del país. Los valores no se forman únicamente dentro de un salón de clases. La familia, las instituciones públicas, los líderes comunitarios, los medios de comunicación y la sociedad en general también tienen la obligación de educar mediante el ejemplo.
Sería contradictorio enseñar honestidad mientras los estudiantes observan corrupción e impunidad; hablar de respeto a las leyes mientras los adultos las incumplen; o exigir responsabilidad ciudadana cuando las propias instituciones no responden adecuadamente a las necesidades de la población.
El reto será llevarla a la práctica
Si la iniciativa completa el proceso legislativo, el Ministerio de Educación tendrá el desafío de definir los contenidos, preparar materiales adecuados, capacitar a los docentes y establecer una metodología acorde con la edad de los alumnos.
La enseñanza deberá ser plural, participativa y libre de propaganda partidaria. Moral y Cívica no puede convertirse en un espacio para imponer posiciones políticas, religiosas o ideológicas, sino en una herramienta para comprender la democracia, defender la dignidad humana y fomentar una convivencia basada en derechos y deberes.
La posible reincorporación obligatoria de esta asignatura representa una oportunidad para devolver al sistema educativo una dimensión que nunca debió perderse: la formación del carácter ciudadano.
Porque la educación de un país no se mide solamente por cuánto saben sus estudiantes de matemáticas, ciencias o lectura. También se mide por su capacidad para respetar, convivir, participar y actuar correctamente incluso cuando nadie los está observando.




