Santo Domingo.– República Dominicana realizó este martes 8 de septiembre el Simulacro Nacional de Evacuación por Terremoto 2026, un ejercicio que movilizó simultáneamente a instituciones públicas y privadas, centros educativos, organismos de socorro, empresas, organizaciones sociales y ciudadanos en distintos puntos del territorio nacional.
A las 10:00 de la mañana fueron activadas sirenas, silbatos, altavoces y otros mecanismos de aviso que marcaron el inicio de la jornada. Durante varios minutos, empleados, estudiantes y usuarios abandonaron edificios de manera organizada para dirigirse hacia los puntos de encuentro previamente establecidos.
El ejercicio fue coordinado por el Centro de Operaciones de Emergencias, junto con la Defensa Civil y las instituciones que integran el Sistema Nacional de Prevención, Mitigación y Respuesta ante Desastres. Su propósito fue comprobar la capacidad del país para reaccionar frente a un terremoto de gran magnitud, identificar debilidades en los protocolos y medir los tiempos de evacuación.
El Palacio Nacional también fue evacuado completamente. El presidente Luis Abinader participó en el simulacro junto con funcionarios, empleados y brigadistas, y posteriormente felicitó a los organismos de socorro, instituciones y ciudadanos que se sumaron a la jornada. El mandatario resaltó que la preparación permanente resulta esencial para preservar vidas.
Una alerta que llegó directamente a los celulares
Uno de los elementos más importantes del simulacro fue la prueba del sistema Cell Broadcast, una tecnología diseñada para enviar mensajes de emergencia de manera inmediata a los teléfonos móviles ubicados dentro de una zona determinada.
A diferencia de los mensajes de texto tradicionales, esta herramienta puede distribuir alertas masivas sin depender de que el usuario tenga instalada una aplicación. Durante la prueba, el aviso fue recibido por más del 50 % de la población, lo que representa un avance importante, pero también demuestra que todavía existe un amplio margen para mejorar su alcance.
Numerosos ciudadanos reportaron que sus teléfonos no emitieron la alarma o no recibieron la notificación. Estas fallas no deben interpretarse únicamente como un fracaso: precisamente, un simulacro sirve para detectar aquello que podría salir mal durante una emergencia real. Ahora corresponde determinar por qué tantos dispositivos quedaron fuera del sistema y qué ajustes deberán realizarse antes de su utilización definitiva.
El Sistema 9-1-1 también puso a prueba la plataforma de drones VAPRE-M2, creada para desplegar vehículos aéreos de primera respuesta, observar zonas afectadas, realizar evaluaciones iniciales de daños y facilitar información para la toma de decisiones.
Las escuelas también pusieron a prueba sus protocolos
Los centros educativos públicos participaron en la jornada junto con las 18 regionales, los 122 distritos escolares y las instituciones descentralizadas del Ministerio de Educación.
La participación de las escuelas tiene un valor especial. Enseñar a los estudiantes a mantener la calma, protegerse, identificar las rutas de salida y desplazarse hacia un lugar seguro puede evitar estampidas, caídas y decisiones peligrosas durante un terremoto verdadero.
Sin embargo, evacuar correctamente no es suficiente si las edificaciones presentan vulnerabilidades estructurales. La preparación también exige conocer las condiciones de escuelas, hospitales, viviendas, oficinas y edificios públicos, especialmente aquellos construidos antes de la aplicación de normas modernas de seguridad sísmica.
El verdadero trabajo comienza después del simulacro
La jornada permitió practicar rutas, comprobar alarmas y observar el comportamiento de miles de personas. Pero el éxito de un simulacro no debe medirse solamente por la cantidad de instituciones participantes o por la rapidez con la que se difundieron las imágenes de las evacuaciones.
Su verdadero valor dependerá de lo que ocurra después: revisar los errores, corregir rutas bloqueadas, señalizar salidas, capacitar brigadas, ampliar el sistema de alertas y exigir que cada institución cuente con un protocolo conocido por todos.
También corresponde preguntarse cuántas familias dominicanas tienen preparado un plan de emergencia. Muchos hogares todavía no han definido un punto de encuentro, no poseen una mochila con agua, medicamentos, linterna y documentos esenciales, y desconocen cuáles áreas de su vivienda podrían ofrecer mayor protección.
República Dominicana se encuentra expuesta permanentemente a la actividad sísmica. La pregunta no es si volverá a temblar, sino cuándo ocurrirá un evento capaz de poner a prueba nuestras edificaciones, servicios de emergencia y capacidad colectiva de reacción.
El simulacro terminó en pocos minutos. La preparación, sin embargo, debe continuar todos los días. Porque cuando llegue una emergencia real no habrá tiempo para improvisar: lo que hoy se practica puede ser exactamente lo que mañana salve una vida.




