Detrás de las instituciones que custodian y movilizan gran parte del dinero del Caribe existe una compleja estructura de gobiernos, empresarios, fondos institucionales, corporaciones extranjeras y miles de accionistas. A ese poder económico se suman las remuneraciones millonarias de algunos de los ejecutivos más influyentes de la región.
Determinar quiénes son los verdaderos dueños de los bancos más poderosos del Caribe no es tan sencillo como identificar a un empresario o una familia. En la región conviven entidades estatales, grupos privados con una propiedad ampliamente distribuida, sociedades que cotizan en bolsa y filiales controladas desde Canadá, Estados Unidos y otros centros financieros internacionales. También debe entenderse que dirigir una institución no significa necesariamente ser su propietario. Los presidentes de los consejos de administración y los ejecutivos pueden tomar decisiones determinantes, pero la propiedad legal depende de quiénes poseen las acciones y del porcentaje que controlan.
En la República Dominicana, Banreservas representa el modelo más claro de propiedad pública. La entidad pertenece al Estado dominicano y desempeña una función estratégica como su principal agente financiero. Al cierre de 2025 informó activos superiores a RD$1.28 billones, consolidándose como el banco más grande del país por el tamaño de sus activos. Su importancia supera las operaciones bancarias tradicionales, debido a su participación en el financiamiento del turismo, la construcción, el comercio, la producción nacional y numerosos proyectos relacionados con las políticas económicas del Gobierno.
El Banco Popular Dominicano responde a un modelo completamente diferente. La entidad es propiedad del Grupo Popular, una sociedad privada cuyo capital se encuentra distribuido entre miles de accionistas dominicanos. Aunque la familia Grullón ha tenido una presencia histórica y una influencia significativa en la dirección de la organización, no sería correcto afirmar que el banco pertenece exclusivamente a una persona o familia. Al cierre de 2024, Grupo Popular contaba con 13,868 accionistas. Manuel A. Grullón preside su Consejo de Administración y René Grullón Finet ocupa la presidencia ejecutiva, pero estas responsabilidades de liderazgo no deben confundirse con la propiedad absoluta de la institución. Al finalizar 2025, Grupo Popular reportó activos consolidados por RD$1.11 billones, mientras los activos del Banco Popular Dominicano alcanzaron RD$929,748 millones.
Trinidad y Tobago posee una de las estructuras bancarias más influyentes de la región. First Citizens Group Financial Holdings cotiza en el mercado de valores, pero su principal accionista es First Citizens Holdings Limited, una compañía perteneciente al Gobierno trinitense que posee el 60.11 % de las acciones ordinarias. El resto está distribuido entre el National Insurance Board, planes de empleados, fondos de inversión y otros accionistas. En términos prácticos, el Estado mantiene el control indirecto de la institución, aun cuando una parte de su capital está abierta a la inversión pública.
Republic Financial Holdings presenta una propiedad más diversificada, aunque las instituciones relacionadas con el Estado también mantienen un peso considerable. Su mayor accionista es National Investment Fund Holding Company Limited, con un 29.92 %, seguido por el National Insurance Board, con un 18.81 %. Entre sus principales propietarios aparecen además Trintrust Limited, Republic Bank Limited, Trinidad and Tobago Unit Trust Corporation y Corporation Sole. El grupo ha extendido sus operaciones por Barbados, Guyana, Granada, Surinam, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, Islas Caimán y otros territorios, convirtiéndose en una de las redes financieras de mayor alcance en el Caribe.
En Jamaica, el empresario jamaiquino-canadiense Michael Lee-Chin representa uno de los casos más notorios de control privado sobre una gran organización financiera. Lee-Chin controla Portland Holdings, grupo que conserva su influencia sobre NCB Financial Group mediante diferentes sociedades de inversión. Al cierre de septiembre de 2025, AIC Barbados Limited poseía directamente el 46.24 % de las acciones, mientras AIC Global Holdings mantenía aproximadamente otro 1.76 %. Aunque esas participaciones directas no representan la totalidad del capital, los documentos corporativos identifican a Portland Holdings y a Lee-Chin como controladores del grupo mediante sus entidades relacionadas.
NCB Financial Group tampoco pertenece exclusivamente a Lee-Chin. La organización tiene más de 48,000 accionistas, entre ellos fondos de pensiones, empleados, compañías de inversión y pequeños inversionistas. El grupo controla National Commercial Bank Jamaica y desarrolla actividades de seguros, inversiones, gestión patrimonial y otros servicios financieros. Sus participaciones en Guardian Holdings y Clarien Bank han extendido su influencia más allá del mercado jamaiquino y lo han convertido en un actor determinante dentro de las finanzas caribeñas.
Otra entidad relevante es CIBC Caribbean Bank, anteriormente conocida como FirstCaribbean International Bank. Su accionista principal es CIBC Investments Cayman Limited, sociedad vinculada al Canadian Imperial Bank of Commerce, que posee la enorme mayoría de las acciones. La participación restante se encuentra distribuida entre fondos, planes de empleados e inversionistas institucionales. CIBC Caribbean opera en Barbados, Bahamas, Jamaica, Trinidad y Tobago, Islas Caimán y otros territorios. Su estructura demuestra cómo una institución con presencia e identidad regional puede permanecer bajo el control corporativo de un poderoso grupo financiero canadiense.
El poder económico no se limita a quienes poseen las acciones. Los altos ejecutivos administran miles de millones, diseñan las estrategias de crecimiento y deciden cómo se distribuye el capital dentro de sectores capaces de transformar economías completas. Una relación difundida por la plataforma Explaining the Caribbean presenta a Morgan Schuessler como el ejecutivo mejor remunerado entre las figuras evaluadas, con una compensación de US$9,245,391. Le siguen Ignacio Álvarez, con US$7,062,984; Leonard Fluxman, con US$7,015,885; Dodridge Miller, con US$6,440,000; Aurelio Alemán, con US$5,026,356; Javier Ferrer, con US$4,825,287, y José Rafael Fernández, con US$3,479,297.
La clasificación continúa con André Mousseau, a quien se atribuye una remuneración de US$2,787,992; Christopher Zacca, con US$2,010,035; Patrick Hylton, con US$2 millones; Frederick McTaggart, con US$1,222,966; Richard Hew, con US$849,288; Robert Trestrail, con US$717,776; Mike Wylie, con US$450,000; Erik Keskula, con US$318,000; Arlene Chow, con US$265,000; Víctor Sánchez, con US$245,900, y Keithroy Halliday, con US$177,000.
Esta relación no está integrada únicamente por presidentes de bancos. Incluye ejecutivos vinculados a servicios financieros, seguros, tecnología de pagos, energía, turismo y otras actividades empresariales. Los montos tampoco deben interpretarse necesariamente como salarios básicos pagados en efectivo, debido a que las compensaciones corporativas pueden incluir bonos, incentivos, acciones, beneficios y remuneraciones sujetas al desempeño de las empresas. Comparar solamente las cifras finales puede resultar engañoso si no se conoce el período evaluado y la composición exacta de cada paquete.
Ser propietario, accionista, presidente del Consejo de Administración y presidente ejecutivo son condiciones distintas. Un propietario posee parte del capital; un accionista puede tener desde una participación mínima hasta el control mayoritario; el Consejo supervisa la estrategia y el gobierno corporativo, mientras el ejecutivo principal administra las operaciones cotidianas. En algunas organizaciones una misma persona puede acumular varias de estas posiciones, pero en otras el ejecutivo mejor pagado no posee una participación significativa y trabaja como administrador contratado por los accionistas.
Ser dueño de un banco tampoco significa ser propietario del dinero depositado por los clientes. Esos recursos pertenecen a las personas y empresas que los colocan en la institución. Los accionistas son propietarios del capital del banco y asumen los beneficios y riesgos relacionados con su funcionamiento. El verdadero poder financiero se manifiesta en la capacidad de decidir hacia dónde se dirige el crédito, cuáles sectores reciben respaldo y qué proyectos tendrán la posibilidad de convertirse en realidad.
Los bancos no solamente guardan y transfieren dinero. Sus decisiones repercuten sobre el turismo, la construcción, la agricultura, la vivienda, el comercio y las pequeñas empresas. Por eso, conocer quiénes controlan estas instituciones y cuánto reciben quienes las administran constituye un ejercicio necesario de transparencia económica. En una región caracterizada por economías pequeñas y una fuerte concentración financiera, detrás de cada préstamo, inversión y decisión crediticia existe una estructura de poder capaz de influir directamente en el futuro de países enteros.




