Santo Domingo, R.D. — El presidente del Consejo Unificado de las Empresas Distribuidoras de Electricidad (CUED), Celso Marranzini, aseguró que las interrupciones del servicio eléctrico que se producen durante las noches en diferentes sectores del país no corresponden a apagones programados, sino principalmente a averías en las redes de distribución.
“Cuando hay un apagón en la noche es una avería porque nosotros no damos apagones de noche”, afirmó Marranzini durante una participación en el programa El Día, transmitido por Telesistema, canal 11.
Sus declaraciones se producen en momentos en que las interrupciones eléctricas continúan siendo motivo de preocupación y quejas entre ciudadanos de diferentes comunidades, especialmente cuando los cortes se prolongan durante varias horas.
Marranzini diferencia apagones de averías
La explicación del funcionario establece una diferencia importante entre una interrupción provocada deliberadamente por las distribuidoras para administrar la disponibilidad de energía y aquella que se produce como consecuencia de una falla técnica.
Según Marranzini, cuando el servicio desaparece durante las horas nocturnas, la causa debe buscarse fundamentalmente en problemas de la infraestructura eléctrica y no en una política de suspensión programada del suministro.
Esto significa que fallas en transformadores, líneas de distribución, circuitos, conexiones u otros componentes de la red pueden dejar sin electricidad a determinados sectores aun cuando exista suficiente generación disponible en el sistema.
Una explicación que abre otras preguntas
Sin embargo, la afirmación también coloca sobre la mesa otro aspecto del problema eléctrico dominicano.
Si los cortes nocturnos son averías y no apagones programados, entonces la discusión se traslada de la disponibilidad de energía hacia la calidad y capacidad de la infraestructura encargada de llevarla hasta los hogares.
Y esa diferencia resulta fundamental.
Un sistema eléctrico no depende únicamente de producir suficiente energía. También necesita redes capaces de transportarla y distribuirla de manera estable, transformadores con capacidad adecuada, mantenimiento preventivo y mecanismos de respuesta suficientemente rápidos cuando ocurre una falla.
Por tanto, aunque una avería tenga una naturaleza distinta a un apagón programado, para una familia que permanece varias horas sin electricidad el resultado inmediato termina siendo el mismo: no tiene servicio.
El reto de las distribuidoras
Las empresas distribuidoras enfrentan históricamente desafíos relacionados con pérdidas eléctricas, conexiones irregulares, sobrecarga de circuitos, infraestructura deteriorada y dificultades para garantizar un suministro continuo en determinadas zonas.
El crecimiento de la demanda también ejerce presión sobre las redes. El uso simultáneo de acondicionadores de aire, refrigeradores y otros equipos durante períodos de altas temperaturas puede incrementar considerablemente la carga de determinados circuitos.
En ese escenario, las declaraciones de Marranzini plantean la necesidad de observar no solamente cuánta electricidad se genera en República Dominicana, sino en qué condiciones llega esa electricidad hasta el consumidor final.
El ciudadano necesita algo más que saber la causa
Para los usuarios, identificar si una interrupción es producto de una avería o de un apagón programado es importante, pero también lo es conocer cuánto tiempo tardará en restablecerse el servicio y qué acciones están tomando las distribuidoras para evitar que el problema vuelva a producirse.
La recurrencia de averías en una misma comunidad puede convertirse en una señal de problemas estructurales que requieren inversiones y mantenimiento, especialmente cuando las interrupciones afectan la actividad comercial, la seguridad, la conservación de alimentos y la calidad de vida.
Las palabras de Marranzini dejan entonces una conclusión que merece atención: si de noche no existen apagones programados y los cortes corresponden a averías, el próximo desafío es explicar por qué se producen esas averías, con qué frecuencia ocurren y qué se está haciendo para reducirlas.
Porque, independientemente del nombre técnico que reciba la interrupción, para el ciudadano la medida de eficiencia del sistema sigue siendo sencilla: que cuando encienda el interruptor, haya electricidad.




