Santo Domingo.— El cónsul de Estados Unidos en Santo Domingo, William Swaney, advirtió sobre la frecuencia con la que las autoridades consulares detectan matrimonios fraudulentos utilizados con el propósito de obtener beneficios migratorios, una práctica que, según explicó, continúa representando un problema importante en la República Dominicana y puede terminar afectando incluso a las parejas que realizan sus procesos de manera legítima.
Swaney calificó como “alarmante” la frecuencia con la que aparecen casos sospechosos y explicó que no se trata de un fenómeno reciente. El diplomático conoce de cerca la realidad migratoria dominicana desde finales de la década de 1990, cuando estuvo destinado en el país como vicecónsul, y aseguró que el problema ya existía entonces y continúa presente en la actualidad.
Los llamados matrimonios por conveniencia se producen cuando dos personas contraen matrimonio no con la intención de construir una vida conyugal auténtica, sino fundamentalmente para conseguir una ventaja migratoria. En el caso estadounidense, un matrimonio con un ciudadano o residente permanente puede abrir determinadas vías legales hacia la residencia, pero cuando las autoridades determinan que la relación fue simulada para evadir las leyes migratorias, el caso puede ser considerado fraude.
El cónsul explicó que las autoridades estadounidenses cuentan con personal especializado en la detección de este tipo de irregularidades. La investigación no se limita únicamente a revisar un certificado de matrimonio. Cuando existen dudas sobre la autenticidad de una relación, los oficiales pueden profundizar en la documentación presentada, realizar entrevistas más extensas y evaluar las circunstancias particulares del caso antes de tomar una decisión.
Swaney reconoció que algunos fraudes pueden resultar difíciles de comprobar, precisamente porque quienes intentan engañar al sistema procuran construir una apariencia de relación legítima. Esto obliga a las autoridades a desarrollar investigaciones más detalladas y puede provocar que determinados expedientes requieran mayor tiempo de revisión.
Esa situación tiene además una consecuencia para quienes cumplen correctamente con las reglas. El aumento de los intentos de fraude obliga al sistema consular a fortalecer sus controles, lo que puede traducirse en entrevistas más rigurosas y procesos de verificación adicionales incluso para solicitantes cuyos matrimonios son completamente legítimos.
La advertencia del diplomático coloca nuevamente la atención sobre un principio esencial de los procesos migratorios estadounidenses: casarse con un ciudadano o residente no garantiza automáticamente la obtención de una residencia. Las autoridades deben determinar que existe una relación matrimonial auténtica y no una unión creada exclusivamente para conseguir documentos migratorios.
Advertencia también sobre el “turismo de parto”
Swaney abordó además otra práctica que ha recibido creciente atención de las autoridades estadounidenses: viajar a Estados Unidos utilizando una visa de turista cuando el propósito principal del viaje es dar a luz en territorio estadounidense.
El cónsul señaló que una visa de visitante no debe utilizarse exclusivamente con ese objetivo, aun cuando la persona asegure contar con los recursos económicos necesarios para cubrir los gastos médicos. El punto central es que la información ofrecida durante el proceso migratorio debe corresponder con el verdadero propósito del viaje.
Las autoridades estadounidenses han intensificado durante los últimos años el escrutinio sobre este fenómeno, conocido popularmente como “turismo de parto”, especialmente cuando existen indicios de que una persona ocultó deliberadamente el motivo real de su entrada al país.
Tanto el fraude matrimonial como el uso indebido de una visa tienen un elemento común: la falsedad o tergiversación de información dentro de un proceso migratorio puede generar consecuencias que trascienden una simple negativa de visa o residencia. Dependiendo de las circunstancias, puede afectar futuras solicitudes y provocar investigaciones adicionales.
El mensaje del Consulado estadounidense resulta particularmente relevante para República Dominicana, uno de los países de la región con mayores vínculos familiares y migratorios con Estados Unidos. Miles de dominicanos realizan cada año procedimientos completamente legítimos para visitar, estudiar, trabajar, reunificarse con familiares o establecer residencia en territorio estadounidense.
Precisamente por esa dimensión, las autoridades insisten en que intentar buscar “atajos” termina perjudicando no solamente a quienes incurren en fraude, sino también al funcionamiento general del sistema.
La advertencia de Swaney es clara: un matrimonio real puede constituir una vía legítima dentro del sistema migratorio; fabricar una relación para conseguir residencia es otra cosa completamente distinta. Y las autoridades estadounidenses están buscando activamente la diferencia.




