República Dominicana celebra el Día Mundial del Folklore: una identidad que vive en cada generación

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Santo Domingo.– Este 22 de agosto, República Dominicana se une a la conmemoración del Día Mundial del Folklore, una fecha que invita a mirar hacia nuestras raíces y reconocer aquellas expresiones que, transmitidas de generación en generación, mantienen viva la memoria, la historia y la identidad cultural de los pueblos.

En territorio dominicano, hablar de folklore significa recorrer una riqueza cultural extraordinaria. Está presente en el sonido de los atabales, en el güiro y la tambora, en el movimiento del merengue, en las expresiones del carnaval, en las salves, los palos, las fiestas patronales, las artesanías y en numerosas tradiciones populares que continúan formando parte de la vida de nuestras comunidades.

El Ministerio de Cultura destacó la celebración señalando que el folklore constituye la esencia de nuestra identidad y que detrás de cada manifestación tradicional permanece la historia y la memoria colectiva del pueblo dominicano. La institución reafirmó además su compromiso con la preservación y promoción de las expresiones culturales que enriquecen el patrimonio nacional.

Una identidad construida durante siglos

El folklore dominicano es también el resultado del encuentro de diferentes raíces culturales. Las influencias taínas, africanas y europeas fueron entrelazándose durante siglos hasta producir manifestaciones propias que hoy identifican al país dentro y fuera de sus fronteras.

La música constituye quizás una de sus expresiones más universales. El merengue, convertido en símbolo de dominicanidad, y la bachata, nacida desde espacios populares y posteriormente proyectada internacionalmente, demuestran cómo una expresión cultural puede atravesar generaciones y fronteras sin perder el vínculo con el territorio donde nació.

Pero nuestro folklore va mucho más allá de la música. Está en las máscaras y personajes del carnaval dominicano; en los diablos cojuelos; en los guloyas de San Pedro de Macorís; en las tradiciones religiosas populares; en las décimas; en los juegos tradicionales; en la gastronomía y hasta en aquellas palabras, refranes y costumbres familiares que sobreviven porque alguien decidió enseñárselas a la siguiente generación.

Preservarlo es también una responsabilidad

En una sociedad cada vez más globalizada, preservar estas expresiones representa un desafío. Las nuevas generaciones tienen acceso inmediato a tendencias culturales provenientes de cualquier parte del mundo, mientras algunas tradiciones locales corren el riesgo de desaparecer cuando dejan de transmitirse dentro de las familias y comunidades.

Por eso, celebrar el Día Mundial del Folklore no debe limitarse a recordar nuestras costumbres durante una fecha específica. También debe convertirse en una oportunidad para documentarlas, enseñarlas, protegerlas y permitir que evolucionen sin perder su esencia.

El folklore no pertenece únicamente al pasado. Vive cada vez que una tambora comienza a sonar, cuando un artesano reproduce una técnica heredada de sus mayores, cuando una comunidad mantiene sus fiestas tradicionales o cuando un niño aprende un baile que sus abuelos también conocieron.