Unidad e institucionalidad: una señal de fortaleza rumbo al 2028

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Por Yudelka Batista

En política, tan importante como ganar elecciones es construir organizaciones capaces de sostenerse en el tiempo. La verdadera fortaleza de un partido no se mide únicamente por su capacidad de movilizar votos, sino por la madurez con la que gestiona sus diferencias, renueva sus liderazgos y preserva su unidad alrededor de un propósito común.

La reciente reunión ordinaria del Comité Nacional del Partido Revolucionario Moderno (PRM) constituye una muestra de esa madurez política e institucional. Las resoluciones aprobadas no solo definen aspectos organizativos y electorales internos; también envían un mensaje claro sobre el compromiso del partido con la democracia interna, la participación y el fortalecimiento de sus estructuras.

La convocatoria de la XXIII Convención Nacional Extraordinaria para conocer una propuesta de reforma estatutaria, así como la apertura de la XXIV Convención Nacional Ordinaria para la elección de las autoridades partidarias, representan pasos naturales en la evolución de una organización política que ha demostrado capacidad para crecer, gobernar y adaptarse a los desafíos de cada momento.

En ocasiones se presenta la competencia interna como una amenaza para la unidad. No comparto esa visión. Cuando existen reglas claras, instituciones fuertes y respeto por los procesos, la diversidad de ideas y liderazgos se convierte en una fortaleza y no en una debilidad. Los partidos democráticos se fortalecen cuando crean espacios para la participación y permiten que las aspiraciones legítimas se expresen dentro de un marco institucional.

El PRM ha llegado hasta aquí precisamente porque ha sabido combinar renovación y cohesión. Ha logrado integrar distintas generaciones de dirigentes, incorporar nuevas capacidades y mantener una visión compartida sobre el rumbo que necesita la República Dominicana.

La decisión de dedicar la XXIV Convención Nacional Ordinaria a la memoria de Orlando Jorge Mera tiene además un significado especial. Más que un homenaje a una persona, representa un reconocimiento a valores que deben seguir guiando la vida partidaria: la integridad, el compromiso con las instituciones, el respeto y la vocación de servicio.

De cara al 2028, resulta natural que surjan debates sobre liderazgos, candidaturas y futuros escenarios electorales. Es parte de la dinámica democrática. Sin embargo, considero que la discusión más importante debe centrarse en quiénes tienen la capacidad de continuar impulsando el desarrollo del país y de responder a las expectativas de una ciudadanía cada vez más exigente.

Y ahí el PRM cuenta con una ventaja importante: posee una amplia cantera de hombres y mujeres preparados para asumir responsabilidades de liderazgo en los distintos niveles de representación. Tenemos experiencia de gobierno, conocimiento de la gestión pública, liderazgo territorial y una generación de dirigentes comprometidos con seguir transformando la República Dominicana.

Pero si algo quedó evidenciado en la reunión del Comité Nacional es que la principal fortaleza del PRM sigue siendo su unidad. Una unidad que no implica pensar igual en todo, sino compartir objetivos comunes y entender que el interés colectivo debe prevalecer sobre las aspiraciones individuales.

Los partidos que logran mantenerse unidos mientras ejercen el poder suelen ser los que construyen proyectos políticos duraderos. Esa es una lección que la historia política dominicana y latinoamericana ha demostrado en múltiples ocasiones.

Las resoluciones aprobadas son importantes por lo que establecen. Pero aún más importante es lo que representan: la reafirmación de un partido que continúa fortaleciendo su institucionalidad, organizando sus procesos democráticos y preparándose para los retos del futuro.

Un aspecto que considero especialmente relevante de la reunión fue el llamado realizado por el presidente Luis Abinader a preservar la humildad, evitar la complacencia y mantener un contacto permanente con la ciudadanía. Su mensaje fue claro: el futuro del PRM dependerá de su capacidad para seguir escuchando a la gente, comprender sus necesidades y mantenerse presente en los barrios, comunidades y territorios donde se construye la vida cotidiana de los dominicanos.

Esa reflexión tiene un profundo valor político. Los partidos corren el riesgo de alejarse de la realidad cuando concentran toda su atención en los procesos internos. Sin embargo, el presidente recordó algo esencial: la razón de ser de cualquier organización política es servir a la gente. La confianza ciudadana no se preserva desde las oficinas ni desde las estructuras partidarias; se construye escuchando, acompañando y respondiendo a las necesidades de la población.

No es casualidad que ese haya sido uno de los ejes centrales de su intervención. La cercanía con la gente ha sido una característica del liderazgo del presidente Abinader desde el inicio de su gestión, basada en el contacto directo con las comunidades y en la convicción de que gobernar implica escuchar de manera permanente a los ciudadanos.

El camino hacia el 2028 apenas comienza. Y si algo quedó claro en esta reunión es que el PRM avanza con la experiencia que le ha dado gobernar, con la madurez que le ha permitido crecer y con la unidad necesaria para seguir construyendo una propuesta sólida para el país.

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