Mano firme en las calles: la nueva Policía aumenta la presión contra la delincuencia

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Santo Domingo.– La llegada del mayor general Ernesto R. Rodríguez García a la Dirección General de la Policía Nacional ha coincidido con una ofensiva más visible contra prófugos, bandas delictivas, armas ilegales, robos, homicidios y tráfico de drogas. En pocas semanas, la institución ha reforzado los operativos y enviado un mensaje claro: las calles no pueden continuar bajo el control de quienes amenazan la tranquilidad de los ciudadanos.

Cuando la población habla de “limpiar las calles”, no está pidiendo abusos ni ejecuciones. Está exigiendo que la Policía capture a quienes tienen órdenes de arresto, desarticule estructuras criminales, ocupe las armas utilizadas para delinquir y someta a los responsables ante los tribunales. También reclama que el delincuente comprenda que cometer un crimen tendrá consecuencias.

Bajo la nueva dirección se observa una mayor presencia de unidades preventivas y de investigación, principalmente del DICRIM, en diferentes provincias. Los reportes recientes incluyen arrestos de prófugos por homicidio, detenciones relacionadas con robos y narcóticos, recuperación de vehículos, ocupación de armas ilegales y entrega voluntaria de personas perseguidas por hechos violentos.

Esa presión operativa es necesaria. Durante demasiado tiempo, muchas comunidades han vivido con la sensación de que los delincuentes conocen mejor el territorio que las propias autoridades. Comerciantes que cierran temprano, familias que evitan determinados lugares y ciudadanos que no se sienten seguros al utilizar sus teléfonos en la vía pública representan una realidad que no puede normalizarse.

Resultados que comienzan a sentirse

Según el más reciente informe de la Fuerza de Tarea Conjunta, el 80 % de los territorios evaluados mantiene una tasa de homicidios inferior a diez por cada 100,000 habitantes. En total, 28 demarcaciones se encuentran en un solo dígito.

La tasa nacional acumulada se situó en 7.41 homicidios por cada 100,000 habitantes, por debajo de los registros de 2025, cuando alcanzó 8.74; de 2024, con 9.65; de 2023, con 11.49; y de 2022, cuando se ubicó en 13.20.

Aunque la reducción no puede atribuirse exclusivamente al nuevo director, porque responde a un proceso desarrollado por distintas instituciones, su gestión tiene ahora la responsabilidad de mantener esa tendencia y profundizarla. Los resultados deberán medirse no solo por la cantidad de operativos, sino también por la disminución real de atracos, homicidios, robos y temor en los barrios.

Rodríguez García también ha iniciado recorridos por las diferentes direcciones regionales, reuniéndose con agentes y supervisando el cumplimiento de las labores preventivas. Su discurso ha combinado firmeza frente al delito con disciplina, profesionalidad, coordinación institucional y respeto a los derechos ciudadanos.

Enfrentamientos bajo investigación

En los últimos días, la Policía ha informado sobre la muerte de varios hombres buscados por distintos delitos, quienes presuntamente habrían enfrentado a tiros a unidades del DICRIM. En esos casos, la versión policial indica que los agentes respondieron para proteger sus vidas y que en los lugares fueron ocupadas armas de fuego.

Cuando una persona dispara contra agentes policiales, estos tienen derecho a defenderse utilizando una fuerza proporcional a la amenaza. Sin embargo, toda muerte ocurrida durante una intervención debe ser investigada rigurosamente por el Ministerio Público y los organismos correspondientes.

La Policía necesita autoridad, pero también legitimidad. Una institución fuerte no teme que sus actuaciones sean revisadas; por el contrario, documenta cada operativo, conserva las evidencias y demuestra que sus agentes actuaron dentro de la ley.

Por eso, “dar de baja” no puede presentarse como una política de seguridad. El objetivo principal debe ser capturar, investigar y someter. La fuerza letal solamente puede utilizarse cuando exista una amenaza real e inmediata contra la vida de los agentes o de terceros.

La calle no puede pertenecer al delincuente

La sociedad dominicana está cansada de ver cómo personas con múltiples órdenes de arresto continúan circulando, amenazando testigos, cometiendo atracos y sembrando temor. En ese contexto, una Policía activa, preventiva y firme representa una respuesta esperada por la ciudadanía.

El nuevo jefe policial parece haber comprendido que la seguridad no se dirige únicamente desde un despacho. Se construye visitando destacamentos, supervisando agentes, identificando las zonas más vulnerables y exigiendo resultados a los mandos regionales.

Pero la estrategia deberá incluir inteligencia, patrullaje, tecnología, depuración interna y coordinación con el Ministerio Público. Capturar a un delincuente sirve de poco si el expediente llega incompleto a los tribunales o si las pruebas no son suficientes para sostener la acusación.

La verdadera limpieza de las calles ocurre cuando se retiran las armas ilegales, se capturan los prófugos, se desmantelan las bandas, se protegen las comunidades y los responsables reciben las sanciones establecidas por la ley.

La población necesita una Policía que no retroceda frente al crimen, pero que tampoco se aparte de la Constitución. Firme con el delincuente, respetuosa con el ciudadano y transparente ante cualquier cuestionamiento.

El mayor general Ernesto R. Rodríguez García ha comenzado enviando una señal de autoridad. Ahora deberá convertir esa señal en una política sostenida, medible y nacional. Porque la seguridad no consiste en exhibir cadáveres: consiste en devolverles las calles, los parques, los comercios y las noches a las familias dominicanas.